viernes, 4 de enero de 2013

Francisco Largo Caballero


Francisco Largo Caballero fue el líder del PSOE durante la Dictadura de Primo de Rivera, la II República y la Guerra Civil.
Durante esta época lideró el sector más radical del partido frente a la opción moderada representada por Besteiro.
Fervoroso defensor del marxismo y la dictadura del proletario, el Golpe de Estado de Largo Caballero y el PSOE en 1934 es considerado el inicio de la Guerra Civil.

1.- Conocido como "El Lenin Español", su apodo ya da una idea de su crueldad y carácter sanguinario, comparable para sus contemporáneos con el impulso de la dictadura comunista de la Unión Soviética.

2.- Al igual que el resto del PSOE, Largo Caballero colaboró la Dictadura de Miguel Primo de Rivera hasta el final, llegando a ser incluso Consejero de Estado, lo que le valió para fortalecer a la UGT (el sindicato nacido a partir del PSOE) y perseguir a la CNT.
Haciendo gala de un oportunismo, al caer la Dictadura de Primo se unió al comité revolucionario que preparaba la República.
Con la llegada de ésta fue nombrado Ministro de Trabajo con el gobierno provisional de Alcalá Zamora, volviendo a serlo con Azaña entre 1931 y 1933.

3.- En 1934, tras largos y concienzudos preparativos, Largo Caballero lideró en la sombra el Golpe de Estado del PSOE contra la legalidad de la República.
De hecho, presidía el Comité Nacional Revolucionario (nacido el 3 de febrero de 1934) junto a otros conocidos socialistas, como Carrillo, Vidarte, o De Francisco.
El balance del Golpe de Estado socialista fue de casi 1.400 muertos en 26 provincias. La insurrección no triunfó finalmente, y el líder socialista, que fue encarcelado, pretendió eludir toda responsabilidad en los terribles hechos. La Historia demostraría años después su implicación total en el fallido Golpe de Estado.
Las elecciones fueron ganadas por las derechas el 19 de noviembre del 33. Ese mismo día Largo Caballero instaba a la Directiva del Partido a concretar “un movimiento revolucionario a fin de impedir un régimen fascista” (Citas y reuniones,19 y 26-XI-33, en S, Juliá, Los Socialistas en la política española, Madrid, Taurus, 1997, p. 199 y 200). No fue, por lo tanto, el alzamiento del 34 una consecuencia del abuso de la derecha en el Gobierno durante su mandato, ya que éste aún no había tomado posesión y el golpe ya se preparaba.

4.- Tras las elecciones de febrero de 1936, el PSOE se encontró ásperamente dividido entre el sector de Prieto y el de Largo, quedando totalmente marginado, una vez más, el moderado y democrático Besteiro. El de Largo inició, en competencia con los anarquistas y los comunistas, una campaña de violencias, de organización y armamento de milicias, de imposición de la ley desde la calle, que prácticamente anularon la muy relativamente democrática Constitución republicana. Las relaciones entre los dos sectores socialistas se tornaron violentas, hasta el grado de que Prieto estuvo cerca de ser linchado por socialistas de Largo en el famoso mitin de Écija.

5.- Durante su etapa al frente del Gobierno del Frente Popular, convirtió a España en un protectorado de la Unión Soviética, con absoluta libertad para los sicarios del GRU y la NKVD (luego KGB) tanto en lo militar como en lo policial. Después de haber autorizado formalmente el envío del oro del Banco de España a Moscú, un día se cansó de las continuas interferencias de los soviéticos en su tarea y echó de su despacho, prácticamente a patadas, al embajador Rosenberg. Firma así su sentencia de muerte política, que le será ratificada cuando se niega a la ilegalización -y persecución implacable- del POUM, tras los sucesos de mayo del 37. Desde ese momento, quedará políticamente vetado en su propio bando.
En otoño del 37, Largo es expulsado de la UGT con la disculpa que no había pagado sus cuotas, tal y como indica él mismo en sus memorias. Es detenido por los guardias de Asalto. La correspondencia y fondos bancarios de la UGT fueron secuestrados. Dice con amargura: “En la historia del proletariado español no se ha conocido atropello semejante. Ni los enemigos naturales de la UGT se habían atrevido a realizarlo. FPI (Fundación Pablo Iglesias), AFLC XXV, p. 1.226.

6.- Con Largo Caballero como Presidente, las checas (prisiones) del PSOE, creadas a imitación de las soviéticas, asesinan, violan y roban, desatando el terror en muchos lugares de España, pero especialmente en Madrid. Ser sospechoso de reaccionario, haber acudido a misa con regularidad, o leer el ABC eran motivos suficientes para sufrir toda suerte de torturas por parte de los socialistas. Entre septiembre y diciembre de 1936, no menos de 12.000 personas fueron asesinadas en Madrid..., religiosos, gentes de derechas, burgueses, intelectuales, desafectos al régimen frentepopulista o simplemente victimas de ajustes de cuentas personales sufrieron torturas y perdieron la vida.

7.- Las temibles checas socialistas también se usaron para eliminar a gente apolítica o incluso de izquierda. Así, misteriosamente desaparecieron algunos enemigos políticos del propio Largo Caballero como Marcelino Valentín Gamazo (Fiscal General de la República), Ángel Aldecoa Jiménez (magistrado) o el Capitán Gándara.  
Ángel Aldecoa Jiménez, de 58 años, magistrado, fue detenido porque había juzgado un atentado relacionado con Largo Caballero, al parecer, no de la manera que hubiera complacido al dirigente socialista. Aldecoa pagó su independencia judicial frente al PSOE con el fusilamiento.
Marcelino Valentín Gamazo, Fiscal General de la República, acusó a Largo Caballero por los sucesos de octubre de 1934 en estricto cumplimiento de sus deberes dentro de la legalidad republicana. El 5 de agosto de 1936, un grupo de milicianos llegó a la casa de campo de Rubielos Altos donde residía Gamazo con su familia y, tras realizar un registro y proceder a destrozar los objetos religiosos, comenzaron a golpearle delante de sus hijos pequeños a pesar de sus súplicas para que ahorraran a los niños aquel espectáculo. A las doce y media de la noche, en el paraje conocido como Cerrajón, del término de Tevar, Cuenca, Marcelino Valentín Gamazo y sus hijos José Antonio, Javier y Luis de 21, 20 y 17 años respectivamente fueron fusilados.

8.- El 13 de septiembre de 1936, mediante decreto reservado refrendado por el Presidente de la Republica Manuel Azaña, el gobierno presidido por Largo Caballero autorizada al Ministro de Hacienda, el también socialista Juan Negrín, a trasladar las reservas de oro, plata y papel moneda del Banco de España “al lugar que estime de más seguridad”. El lugar elegido por este triunvirato de la estupidez fue la Unión Soviética. Tan seguro era que del tesoro nunca más se supo.
Sobre el valor de lo transportado basta decir que las reservas del Banco de España ocupaban el cuarto lugar en la clasificación mundial después de Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña. Entre 8.000 y 10.000 cajas fueron trasladadas al puerto de Cartagena y allí embarcadas en cuatro buques a Odessa. Uno de los miembros del Comisariado del Pueblo para las Finanzas de la Unión Soviética que colaboró en el desembarco escribió que “si todas las cajas de oro que apilamos en los muelles de Odessa se colocaran aquí una al lado de la otra, cubrirían completamente la Plaza Roja”.
Se completaba así el mayor robo de las arcas estatales que jamás haya sufrido España. Los responsables, cómo no, los socialistas liderados entonces por Largo Caballero.
La decisión de trasladar el oro fue tomada de la forma más oscura por tres ministros socialistas (Largo Caballero, Prieto y, sobre todo, el propio Negrín, entonces ministro de Hacienda), contraviniendo diversas leyes y al margen del resto del gobierno y del mismísimo presidente de la república, Azaña.

9.- En diciembre del 36, Stalin envía una carta a Largo aconsejándole que abra un parlamento aparentemente libre como estratagema para así ganarse la ayuda de las democracias liberales, y no sus lógicas sospechas. Largo le contestó que en la zona frentepopulista, en la que él presidía el Gobierno, nadie sentía la menor inclinación hacia las formas parlamentarias. En su carta del 06-01-37, contesta a Stalin: “Cualquiera que sea la suerte que el porvenir preserva a la institución parlamentaria, ésta no goza entre nosotros, ni aun entre los republicanos, de defensores entusiastas”.  

10.- Su falta de convicción democrática quedó reflejada para siempre en otro gesto más: la colocación de la efigie del sanguinario dictador comunista Josif Stalin en la madrileña Puerta de Alcalá.

11.- Tanto Largo Caballero como Indalecio Prieto vetaban la inclusión de homosexuales en las listas electorales del PSOE porque consideraban que alguien "indigno" (textual) no podía figurar en ellas.  

12.- En 1933, la CEDA gana las elecciones, siendo el Partido Radical la segunda fuerza más votada. Todas las izquierdas obtuvieron poquísimo respaldo del pueblo. Largo, en una comida con asistencia de diputados, miembros de la UGT y del PSOE, dijo: “el proletariado no tiene otra salida más que la violencia” (El Noroeste (2-1-34)). La coalición parlamentaria (que no gubernamental) radical-cedista no llevaba ni un mes con mayoría en el Parlamento y no habían derogado ninguna de las "magnificas" leyes de Largo, pero éste ya encontraba motivos suficientes para recurrir a la violencia como prueba de su gran talante democrático.

13.- Aunque a lo largo de toda su madurez no gustase hablar de ello, aprendió las primeras letras en escuelas religiosas, concretamente en los Escolapios primero y en la escuela de San Antón de Granada después.

14.- Participó de manera activa y en calidad de líder (fue miembro del comité organizador) en la fallida huelga revolucionaria de 1917, lo que le valió una condena de 30 años de prisión por parte de los tribunales de justicia. No los cumplió, ya que a los nueve meses de ingresar en la cárcel fue amnistiado y elegido diputado por Barcelona. Como veremos, esta de 1917 no sería la única ocasión en que los socialistas se volverían contra el orden legalmente constituido.

15.- En las elecciones municipales de abril de 1931, los monárquicos obtuvieron  una clarísima victoria en el conjunto de España. Los candidatos republicanos sólo consiguieron mejores resultados en algunas capitales de provincia, lo que les valió para no reconocer su derrota y salir a la calle reclamando el poder y la instauración de la República. El Rey, Alfonso XIII, cedió ante la presión, y así fue como se instauró un nuevo régimen (la República) que nadie quería y como Largo Caballero llegó a convertirse de la noche a la mañana y sin esperarlo en Ministro de Trabajo.

16.- Pese a que en sus mítines era recurrente referirse al peligro de que en España se instaurase el fascismo, Largo Caballero sabía bien que eso era poco menos que imposible. Así lo reconoció el propio Largo ante representantes hispanoamericanos en Organización Internacional del Trabajo, donde en junio de 1933 dijo que "en España, afortunadamente, no hay peligro de que se produzca ese nacionalismo exasperado (...) No hay un ejercito desmovilizado (...) No hay millones de parados que oscilen entre la revolución socialista y el ultranacionalismo (...) No hay nacionalismo expansivo ni militarismo (...) No hay líderes". Quedaba claro, por lo tanto, que a su apelación al peligro fascista no era más que una estrategia para asustar a las masas y atraerlas engañadas hacia la revolución socialista.

17.- En 1921 los contrarios a la Internacional Comunista habían ganado por poca diferencia en el seno del PSOE. Largo se declaraba entonces "reformista". Un partidario de la III Internacional y del acercamiento que ella suponía a los dictados de Moscú, describía así a Largo: "Cuando habla, insulta; cuando calla, envenena el ambiente con su silencio; cuando mira, pronostica denuestos. Acusa con reticencias y silencios de refinada hipocresía y maldad. Jamás es sincero. Siempre en guardia, almacena cifras y datos de personas para su día. No combate con ideas, sino con anécdotas. Utilitario y egoísta, cree que le ha llegado la hora de cosechar".

18.- Apresado en Francia por la Gestapo, fue encarcelado en un campo de concentración nazi. Aquella experiencia le hace apreciar, quizá por primera vez y como nunca, el sentido de la libertad. Y en sus memorias, redactadas o ayudadas por Enrique de Francisco, escribe:"Hace años, en un mitin celebrado en el cine Pardiñas, en el que hablamos Saborit, Besteiro y yo, decía yo que si me preguntasen qué quería, mi respuesta sería ésta: ¡República! ¡República! ¡República!. Si hoy me hicieran la misma pregunta contestaría: ¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad!". Curiosa frase de uno de los mayores anti- liberales que ha dado la historia reciente de España.

19.- Madariaga escribió de él: “Te humillaron no los burgueses, sino los socialistas amigos de los comunistas y de Moscú a quien no quisiste obedecer”. (Salvador de Madariaga. Españoles de mi tiempo, Barcelona, Planeta, 1974).

Juan Negrin


Juan Negrin
Nacido en Las Palmas de Gran Canaria el 3 de Febrero de 1889 y fallecido en Paris (en el exilio), el 12 de Noviembre de 1956, Juan Negrín fue jefe del gobierno de la Segunda República española, desde el año 1937 al año 1945.Profesor de Fisiología en la Universidad Central de Madrid e investigador de renombre en la misma disciplina, Juan Negrín está considerado como uno de los precursores de la bioquímica.

En 1929, se adhiere al Partido socialista obrero español y en 1931 fue diputado en las Cortes. Miembro del ala moderada que rechaza el marxismo, Juan Negrín no participa, sin embargo, en las disputas internas que enfrentan a reformistas y radicales. Esta neutralidad le hace ganarse el puesto de ministro de Economía y Hacienda en el gabinete de Francisco Largo Caballero, en septiembre de 1936, tras de la victoria del Frente popular.

Tras la dimisión de Largo Caballero el 17 de mayo de 1937, el presidente de la República, Manuel Azaña, le nombra primer ministro con la esperanza de reforzar así su autoridad frente a los sindicatos y a los anarquistas, aliándose con la burguesía y las clases medias. Trataba así de poner fin al movimiento revolucionario que se había creado e intentaba realzar una economía que estaba en crisis debido a la guerra en la que estaba sumida el país.

Negrín se decanta por una política económica y social moderada que agradaría a las democracias occidentales y que permitiría obtener su apoyo. Y se acerca poco a poco a los comunistas, basándose en que éstos niegan toda idea de revolución.

Así, Juan Negrín convence a Azaña a realizar una transferencia secreta de una parte del Tesoro del Banco de España a Moscú. En un principio, según Negrín, esta transferencia era necesaria para alejar el dinero de los nacionales. Pero se piensa que el fin real era pagar los equipos militares que la República debía comprar a la Unión soviética, que exigía pago anticipado.

Tras la caída de Barcelona, Negrín regresa a Madrid convencido del inminente comienzo de la Segunda Guerra Mundial y cree necesario luchar por mantener la guerra civil hasta que ésta dé comienzo, pero no recibe el apoyo de los militares, que quieren negociar las condiciones de la rendición del bando republicano, y de los anarquistas, que se mostraban hostiles hacia los comunistas. Poco después, Negrín abandona España y encabeza la cabeza del gobierno republicano en el exilio hasta 1945.

Juan Negrín ha sido uno de los personajes más controvertidos de la Guerra Civil Española. Al final de la contienda, de la guerra, el bando franquista lo ha considerado un traidor, mientras que el republicano, le ha echado en cara prolongar inútilmente la guerra y pactar con la Unión Soviética.

Enlaces de interés Historia de España

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Juan Negrín/La última palabra de Juan Negrín

La última palabra de Juan Negrín
El médico keynesiano
NATALIA JUNQUERA 16 NOV 2008
Hace 52 años murió en París un hombre tan deprimido que pidió que en su lápida no escribieran su nombre. Se llamaba Juan Negrín López y había sido el último jefe de Gobierno de la II República española.
Sólo su hijo Rómulo y dos amigos íntimos asistieron al entierro. Nadie más acudió porque aquel hombre derrotado que quiso pasar eternamente desapercibido también había dado instrucciones a su familia para que esperara 48 horas antes de comunicar su fallecimiento.
En su casa, el dirigente republicano más controvertido había dejado a medias unas memorias iniciadas muchos años atrás, y decenas de documentos que desmontaban muchas de las leyendas negras que vencedores y vencidos habían vertido sobre él y que provocaron su expulsión del partido socialista.
Su nieta, Carmen Negrín, ha enseñado a EL PAÍS ese archivo con dos condiciones: que no se revele la ciudad donde está -"Por razones de seguridad. Podrían venir a robarlo, o a quemarlo, quién sabe"- y que la referencia sea Archivo J. N. L. "Sólo J. N. L.", insistió. Son las tres únicas letras que se leen en la lápida de Juan Negrín López.

En el sótano de una casa de varios pisos, bajando unas escaleras y al final de unas galerías abovedadas que recuerdan a los refugios de guerra de las películas, cerrado con llave, está el Archivo J. N. L.
Hay múltiples paquetes de documentos. Uno atado con un lazo de los colores de la República en el que se lee "Reservado". Otros muchos envueltos en papel de periódico de 1939.
Dentro, documentación oficial, correspondencia personal, textos y fotografías que Juan Negrín (Las Palmas, 1892-París, 1956) quiso conservar durante toda su vida. Y cientos de libros: en idiomas muy diferentes -"
El abuelo hablaba diez", presume Carmen Negrín. "Cuando murió, en 1956, estaba aprendiendo chino y árabe porque decía que eran los idiomas del porvenir", añade-.
Los libros no son novelas. Hay decenas de tomos sobre Política exterior en la prensa franquista, espionaje y manuales para traducir mensajes cifrados -"De pequeños, a mi hermano y a mí nos fascinaban las historias de tinta invisible que nos contaba"-.

Y entre todo eso, documentos que prueban que el envío del oro de la República a Moscú no fue un capricho de Negrín para complacer a los rusos, como le acusó un sector del partido socialista, sino una decisión del Consejo de Ministros del 6 de octubre de 1936.
O que aquel esfuerzo titánico, nunca comprendido por su ministro de Defensa, Indalecio Prieto, de resistir hasta el final de la guerra, obedecía a la información que le transmitían desde Alemania antiguos compañeros de estudios sobre la inminencia de una Segunda Guerra Mundial y su convencimiento de que, en esa lucha de las democracias contra el fascismo, las potencias que no habían querido ayudarle a luchar contra Franco, convertidas en aliadas, les harían vencedores.

Su nieta, Carmen Negrín, se jubiló prematuramente sólo para entrar en ese archivo, empezar a leer y descubrir al hombre de Estado que había sido "el abuelo" -"De pequeña, oía que la gente que venía a casa le decía 'señor presidente', y yo pensaba, ¿presidente de qué?"-.
Está decidida a rehabilitar la figura de su abuelo -"Era una persona tan diferente de lo que se ha dicho de él..."- , y concluir la tarea que dejó a medias; recordar, sin elipsis malintencionadas, cada paso que dio como último jefe de Gobierno de la República, y publicar, sin interferencias, de su puño y letra, las memorias en las que Juan Negrín explica los motivos que le llevaron a tomar unas decisiones y descartar otras.

Carmen confiesa que aún no ha sido capaz de ver todos los documentos. No sólo por el volumen del archivo. "Es difícil leer a posteriori, sabiendo el final. Sabiendo que termina mal. Inevitablemente, te pones en el lugar de las personas que le escribían y de él mismo. Y es duro. Hay unas cartas dramáticas del presidente del Gobierno vasco diciéndole que se han quedado aislados y que necesitan gente, armas, dinero, comida... en un momento en que ya era imposible satisfacerle. Hay expedientes a desertores, para los que sólo había un castigo, plagados de notas al margen del abuelo, intentando, estoy segura, salvarles la vida, porque para entonces ya sabría que la guerra iba a terminar y no tenía sentido matar a más gente. Probablemente haya personas que piensen que sus familiares murieron heroicamente en el frente, cuando fueron juzgados como traidores por haber intentado huir. Tendrán que afrontar eso. El abuelo debió de sufrir mucho. Él era médico. Un hombre de vida, no de muerte".

Antes de ingresar en el PSOE, en 1929, y ser diputado durante tres legislaturas, Juan Negrín había sido un brillante científico, maestro del Premio Nobel Severo Ochoa. Le esperaba una prometedora carrera como investigador, una vida cómoda. Pero eligió otra. Nunca tendría tiempo de disfrutar de esa vocación política. Llegó muy lejos en muy poco tiempo: fue ministro de Hacienda, de Defensa y jefe del Gobierno, pero lo fue al principio, durante y al final de la Guerra Civil, lo que convirtió para siempre al doctor Negrín en el retrato del gran perdedor de la contienda.

Su archivo personal es la historia de esa derrota. Contiene los mapas de la guerra que recibía cada día desde los frentes de batalla. Hechos en papel cebolla, a color y con la aplicación de un estudiante de matrícula de honor, son estéticamente tan hermosos como dramáticos, porque en ellos el jefe del Gobierno republicano sólo pudo leer el avance de las tropas franquistas, la evolución de una lenta agonía. En ese archivo, figuran también los telegramas que jamás sirvieron para dar una buena noticia. Como éste: "Resultado de los bombardeos hasta las 17.30. Sitios donde han caído bombas: calle Nueva de la Rambla 98. Paseo de San Juan frente al 104. Hotel Colón. Banco Comercial. Paseo de Gracia. Calle de Talleres. Calle de la Provenza 365 y 380. Plaza de Tetuán. Paseo de Gracia frente al Socorro Rojo, Balmes entre Diputación y Cortes. Cortes entre Rambla de Cataluña y Balmes. Calle de Bárbara Chaflán. San Ramón. Teatro Novedades. Los muertos y heridos, sin contar los del último bombardeo, son 270 muertos y 350 heridos. Posteriormente dicen hasta la hora presente hay 400 muertos. 17 de marzo 1938".

Recibía varias veces al día telegramas con la relación de víctimas. Concretamente, éste venía acompañado por fotografías de los cadáveres de un grupo de niños que murieron en un bombardeo antes de que les terminaran de salir los dientes; una de esas fotos se reproduce en estas páginas.

Hay informes a diario de los bombardeos. En ellos se ve la desproporción de fuerzas entre los dos ejércitos y sus apoyos. "Por eso es tan difícil de leer", explica Carmen Negrín. "Se ve la esperanza que había al principio, la voluntad de resistir... y documento a documento, cómo ese espacio para la resistencia se va achicando y achicando...".

Prieto atribuyó el empecinamiento de Negrín en resistir a toda costa los ataques de un ejército abismalmente superior a una mano negra que le manejaba desde la URSS, y dedicó los años que siguieron a extender esa tesis hasta provocar la expulsión de Negrín del partido socialista en 1946. Hace apenas cuatro meses el PSOE lo reintegró simbólicamente en sus filas en su 37º congreso.

"Prieto promovió la división entre socialistas", asegura Carmen Negrín. "Expulsarle del partido fue una pequeña mezquindad por su parte. [Negrín] nunca habló mal de él, pero sí con dolor. Le hizo muchísimo daño y lo comprendí muchos años después, cuando leí las cartas que intercambiaron, en las que el abuelo intenta explicarle, hacer que entendiera por qué lo destituyó como ministro. No fue posible. Prieto rehuyó siempre el diálogo". "Algunas de esas cartas llegaron a los campos de refugiados y debieron desmoralizar mucho a la gente".

En sus memorias, Juan Negrín dedica varios capítulos a Prieto, su mentor, y a la mentira de la que éste se había convencido. Algunos no llegó a escribirlos, pero los dejó enunciados, en una especie de cuestionario elaborado en tercera persona que él mismo debía ir contestando: "Como presidente del Consejo y ministro de Defensa, cuáles fueron sus relaciones con los rusos", se titula uno. "Relevo de Prieto en el Gobierno", dice otro. "Esfuerzos para intentar evitar la ruptura con Prieto". "Relación con los comunistas bajo la presidencia...".

En aquellas memorias que no terminó, Juan Negrín quería explicar, ante todo, que sus decisiones, equivocadas o no, habían sido autónomas. Que los rusos fueron, en aquel momento, los únicos dispuestos a ayudar. Que envió a su hombre de confianza, el prestigioso médico Rafael Méndez, a comprar armas a EE UU, sin éxito. Que pidió ayuda a Inglaterra y tampoco se la dieron. Que sólo Francia prestó un poco de ayuda al principio. "Ninguno fue muy valiente", explica su nieta. "Inglaterra pensaba que satisfaciendo a Alemania tendrían tranquilidad, cuando Alemania, como sabemos, era insaciable. Inglaterra sacrificó a España con ese temor. Fue una cobardía que luego les saldría muy cara. México estaba dispuesto a aceptar el oro de la República pero estaba muy lejos y era peligroso. Rusia era la única opción". Hacían falta armas y comida. Se gastó todo. De hecho, el último envío de ayuda de Rusia es ya un préstamo. No fue a cambio de oro. "Y a los rusos también hay mucho que reprocharles porque marcaban un precio muy por encima del mercado a cambio de aviones viejos. El abuelo lo sabía".

Lo sabía y empezó a escribirlo en sus memorias, aunque nunca terminara un capítulo que él mismo había titulado "La famosa cuestión del envío del oro. Destruir la leyenda de que todavía hay en Rusia un tesoro de la República". Y otro que prometía: "Caso Nin, que es el que más se ha explotado para decir que la justicia comunista tenía cheque en blanco del Gobierno". Según su nieta, en él Negrín relata cómo le habían hecho creer que a Nin "ya lo habían liberado cuando ya lo habían asesinado, en contra de su voluntad y de sus órdenes".

En ese índice de temas que Negrín pretendía abordar también se incluye "Viajes, en lo que quepa ser revelado a Moscú, París", "Posibilidades de una política de resistencia en la zona centro después de la pérdida de Cataluña" o "Cómo reconstruir la democracia en España". Negrín tenía ya el visto bueno de una editorial americana para publicarlas, pero quería hacerlo después de su muerte. Será su nieta quien lo haga "próximamente".

De momento, el Archivo J. N. L. ya ha iniciado el viaje de regreso a España, como parte del proceso de rehabilitación de la figura de Negrín. El cabildo de Las Palmas ha cedido un antiguo cuartel militar para convertirlo en un museo dedicado a su memoria. "Hemos empezado a digitalizar todo el material para enviarlo allí y que pueda ser consultado", explica Carmen Negrín. "Me gustaría que el centro tuviera un par de habitaciones para que los investigadores puedan quedarse a dormir mientras trabajan. Son miles de documentos. Necesitarán tiempo". Hasta ahora, sólo historiadores como Gabriel Jackson o Ángel Viñas han podido acceder a algunas partes de ese archivo antes de escribir sus libros sobre la Guerra Civil o la Segunda República.

El archivo revela que la gran preocupación de Juan Negrín era preservar el Estado para que, pasara lo que pasase en el frente, la República no se diluyera. Un Estado se basa en leyes, normas, su historia, y todo eso son papeles. Juan Negrín era muy consciente de ello. Y muy meticuloso. Todo quedó registrado. Hasta el último gasto. En la documentación hay facturas de municiones y de cenas... Tiene muchísimo mérito haber puesto a salvo toda esta documentación, y con ese orden, teniendo en cuenta que perteneció a un Estado cuya capital se desplazaba según avanzaban las tropas franquistas.

La nieta de Negrín explica que a los historiadores suele interesarles la parte del archivo que menos le interesa a ella, y viceversa. Lo dice justo antes de sacar de una maleta vieja que acaricia antes de abrir fotografías inéditas de mutilados acogidos durante la contienda en los castillos que la República había comprando en Francia. En ellas hombres ciegos por la guerra aprenden braille. Un joven sin piernas mira de frente a la cámara. Theodore Fried, el autor de la instantánea, escribe al pie de la fotografía: "García Suárez nos descubre su caja de Pandora: magníficos artilugios de marcha dignos de un ministro. García Suárez, cuando los amigos le ponderan las excelencias de las piernas ortopédicas, en el paroxismo de los elogios asegura que están fabricadas con un material antirreumático que quita las penas". Y es verdad, García Suárez mira de frente al fotógrafo y le sonríe.

En los castillos, que la República compró en Francia o que sus dueños cedieron temporalmente, los mutilados aprendían un oficio, a manejarse de nuevo en la vida. El régimen de Franco se quedó con aquellos castillos.

De la maleta, que Carmen Negrín no posa en el suelo en ningún momento, sale también una colección de dibujos infantiles y listados con nombres de algunos de sus autores. Son relaciones de los niños que acabaron en las colonias republicanas, una especie de orfanatos. "Es un documento terrible", dice Carmen. Y lee: "Teresa y Feli Lorenzo Varel, 8 y 12 años, sin familia. Carmen García Jiménez, 4 años, con madre. Juan Martín Barcena, 12 años, ignórase paradero de la familia. Hay hasta cinco niños de una misma familia, sin padres. Me pregunto muchas veces qué habrá sido de ellos".

Junto a la carta de un padre que se pregunta si Juan Negrín tiene hijos antes de rogarle que entienda su dolor "al sacrificar a mis seres queridos por la Patria, pudiendo quizás rescatarlos de sus garras", hay también en el Archivo J. N. L. un espacio, aunque minúsculo, para otras que provocan casi una sonrisa. Como la de un campesino que en plena guerra le escribe para quejarse de que su vecino le ha robado unas patatas.Negrín la conservó. Quizá porque aquella queja se parecía un poco más a las que reciben los gobernantes en un país en paz; justo lo que él querría haber sido.

En su vida personal también huboalgún error divertido e intrascendente, aunque saliera bastante caro. "Picasso quería regalarle un cuadro y dijo que no porque le parecía muy moderno", confiesa Carmen Negrín entre carcajadas. El mismo hombre que supo ver que el árabe y el chino eran "los idiomas del porvenir", se equivocó de plano con aquel moderno.

Después de haber mostrado el archivo, Carmen Negrín confiesa que su abuelo, en realidad, se resume en una frase de Albert Camus: "Fue en España donde los hombres aprendieron que es posible tener razón y aun así sufrir la derrota. Que la fuerza puede vencer al espíritu y que hay momentos en que el coraje no tiene recompensa. Esto es sin duda lo que explica por qué tantos hombres en el mundo consideran el drama español como su drama personal".

- Nueva biografía sobre Manuel Azaña. Páginas 16 y 17

El médico keynesiano

Para el historiador Gabriel Jackson, Juan Negrín fue "el más capacitado de los jefes republicanos socialistas. Sabía de economía. Era keynesiano, no marxista, y creo que fue el primer suscriptor que la revista The Economist tuvo en España. En los años 20 era ya un médico fisiólogo de fama internacional", explica. Con un pero: "No era buen orador".
Jackson asegura que indagar en la figura del último jefe de Gobierno de la República ha sido "la mayor aventura de su vida" y por eso su último libro, publicado esta semana, se titula Juan Negrín, médico, socialista y jefe del Gobierno de la II República española. "Me ha costado seis años terminarlo porque en el medio he sufrido varias enfermedades. Es mi último libro. ¡Los ojos no dan para más!", aclara el historiador, de 87 años, quien considera que el 90% de lo que se ha dicho sobre Negrín "es leyenda". "Creo que en sus últimos años tenía la sensación de haber fallado, de ser el jefe de Gobierno que había perdido la guerra y al que habían denostado incluso en su propio partido. Por eso no quiso estatuas ni que escribieran su nombre en su tumba", añadió.
Negrín también pidió que no le llevaran flores, una petición que su nieta desobedece cada año. "Cuando llego, siempre hay un ramo artificial con los colores de la bandera republicana sobre su lápida. Yo lo quito todos los años para poner las mías y al año siguiente, el ramo republicano vuelve a estar allí. No sé quién las pone, pero nunca falla. Es muy curioso porque encontrar la tumba es muy difícil". Su nombre no está en ella.


JUAN NEGRIN: El gran estafador
El Mundo, 1 de junio de 1997
Acordó con los soviéticos la entrega del oro del Banco de España. Desde 1937 estaba, secretamente, intentando pactar con Franco. De costumbres pantagruélicas, cenaba hasta tres veces. Belloch entregó 200 millones a su familia en concepto de indemnización.
Lo que Negrín ha conseguido en la historia moderna de España no lo ha conseguido nadie. Robó al Estado, robó al pueblo, mató al Estado, mató al pueblo que servía a ese Estado, traicionó a sus compañeros de partido, Prieto y Largo Caballero, traicionó a su propia propaganda, pregonando la guerra final contra el fascismo mientras trataba de entenderse con él, según las órdenes de Stalin, que no era lo que se dice un demócrata. Llegó al poder engañando a los suyos. Pactó con los soviéticos la entrega del oro del Banco de España, entonces la tercera reserva del mundo. Se llevó todo lo que los revolucionarios robaron de las cajas de seguridad de todos los bancos y cajas de ahorro.

Tras proclamar la resistencia a ultranza contra Franco, Negrín fue incapaz de luchar por un solo metro de Barcelona. Obligó a Manuel Azaña a un calvario porque no le ofreció más que dos plazas para huir de la Gestapo, abandonando a su gran amigo Rivas Cherif. Azaña no lo abandonó y así murió, de tan mala manera.

Mientras miles de millones de dólares, robados y sin recibo, yacían en bancos suizos o americanos, cientos de miles de españoles casi morían de hambre en las arenas de Argelés y demás campos de concentración franceses, sin que Negrín moviera una peseta para auxiliarles. Después de haber obligado a millones de compatriotas a luchar «hasta el final» en una guerra perdida, le confesó a Araquistáin, su antiguo amigo del alma, que desde el 37 estaba intentando pactar con Franco, que es lo que les reprochaba a Prieto y Azaña, amén de Besteiro, el derrotista que finalmente dio con Negrín y los comunistas en tierra, aún al precio de entregar el cadáver de la República a Franco.

Vivió como un rajá a costa del erario, no rindió cuentas a nadie del dinero de todos los españoles y, encima, consiguió que sus herederos recibieran un montón de millones de la administración franquista, de la ucedea y de la felipista.

Lo último que hizo Belloch fue entregar unos 200 millones a la familia Negrín en concepto de indemnización. ¡De indemnización al hombre que saqueó el Banco de España y todos y cada uno de los bancos españoles sin devolver jamás un duro y sin dar cuenta de lo robada a nadie!

Reconozcamos que la historia de la picaresca, a veces entreverada con el crimen, estaría incompleta sin Juan Negrín, presidente del gobierno de la República y uno de los mayores embusteros de la historia de España. Tanto, que algunos historiadores turulatos lo consideran un héroe de la lucha contra la dictadura, a él que fue un dictador de principio a fin. Como gobernante fue nefasto. Como embaucador, estupendo. Fuerza es reconocerlo. Sólo Felipe González le hace sombra.

Lo del crimen asociado al robo como medio de llegar al poder y conservarlo no es fantasía erudita ni interpretación discutible. Negrín echa del poder a largo Caballero, compañero de partido, porque está dispuesto a hacer lo que el viejo y cabezón estuquista madrileño se negó a hacer en España: un juicio contra el POUM como los de Moscú contra los comunistas de izquierda o simples antiestalinistas. Largo Caballero cuenta en sus Memorias que el día en que echó de su despacho al embajador soviético perdió el poder, pero que nunca pensó que tendría que tapar las escapadas sexuales de Negrín, siendo ministro de Hacienda, a los cabarés de París y Londres, acompañado habitualmente de dos damas, forma piadosa de llamarlas. Pero eso pertenece al capítulo de las malversaciones. Lo peor es que aceptase el encarcelamiento y asesinato del jefe del POUM, Andrés Nin, a cambio de ocupar el sillón de primer ministro. Porque fue su incondicionalidad hacia los soviéticos lo que realmente le dio el poder. Y lo único que queda por averiguar es desde cuándo les era incondicional. Posiblemente desde antes de la guerra, como Julio Alvarez del Vayo, al que ahora se descubre como hombre del Komintern desde 1934, a las órdenes de Willi Munzeerg.

Negrín aceptó el asesinato de Nin y de la plana mayor del POUM, y llegó al extremo, que cuenta Azaña en sus Memorias, de intentar persuadir al presidente republicano de que lo de Nin era cosa de los nazis y no de los soviéticos. Hizo más: trató de que los jueces condenaran a Gorkín, Andrade y demás jefes vivos del POUM tras permitir que circulase un infame libelo que los trataba de trotskistas y nazis, prologado por Bergamín. No lo logró, pero fue tanto su empeño que el abogado de los poumistas tuvo que huir de España. ¡Y a esto que hizo Negrín le siguen llamando algunos la legalidad republicana! Cuando la idiocia y la ignorancia se juntan, resultan invencibles.

Hay cosas en la vida que Negrín que, dentro de lo siniestro, resultan pintorescas. Cuenta Indalecio Prieto que un día llegaron a la conclusión sus espías de que alguien robaba medicamentos (aspirinas) de la mismísima sede del Gobierno. Investigaron y no encontraron ninguna pista, pero comprobaron de modo fehaciente que tubos y tubos de aspirinas desaparecían del despacho del doctor Negrín. Estaban a punto de detener a una secretaria cuando, un día, entró sin llamar al despacho, creyéndolo vacía, un escribiente y se encontró con don Juan Negrín embaulándose el segundo tubo entero de aspirinas, porque los tomaba de dos en dos. Añade entonces Prieto, en una formidable prosa mexicana, que las costumbres pantagruélicas de Negrín no se limitaban al ácido acetilsalicílico, sino a la comida, la bebida y las señoras. Que cenaba hasta tres veces, que bebía las botellas de dos en dos preferentemente champaña pero sin olvidar el vino- y que prefería acostarse con las mujeres también a pares. Hay rumores, sin embargo, de que la más famosa de sus amantes la compartió con uno de sus hijos. Es el rasgo de generosidad más evidente de su vida pública.

Dice Prieto, y esto ya puede ser maledicencia, que, por comer y beber sin tasa, era capaz de vomitar al modo de los antiguos romanos, para seguir llenando el buche. Pero de esto no hay testigos. De lo del oro, lo del POUM y lo de las cajas saqueadas, sobran.

Bien es cierto que muchos historiadores se niegan a ver las pruebas. De Tuñón de Lara (que en paz descanse) a Tusell y Viñas, es tanto lo que se ha ocultado de Negrín que casi resulta violento descubrir algo de lo tapado. No importa. Si aceptamos como nuestros a todos, los buenos y los malos, aceptaremos también lo malo de todos, también de Negrín, como cosa nuestra. Que, en cierto modo, lo es.

Porque el que Negrín llegara al poder, de la mano soviética, es culpa nuestra, de los españoles, que, a las alturas de 1937, seguíamos sin entender la naturaleza de la URSS. Ni le entendía Azaña, ni la entendía Martínez Barrio, ni la entendía Largo Caballero, ni Prieto, ni Besteiro. En realidad, el único que la entendía era Negrín, y por eso llegó donde llegó.

Casado con una rusa blanca y conocedor, por tanto del sistema soviético, tuvo el gesto asombroso, si no profesional, de pedir al PCE que le escogiera a un secretario, en cuanto lo nombraron ministro de Hacienda. La cosa es tan fuerte que sólo Santiago Alvarez, en una hagiografía desinformada, es capaz de contarla sin escándalo. Naturalmente, le pusieron al lado a un comisario. Beningo Díaz, que reportaba cuidadosamente a sus jefes lo que hacía el ministro, en todos los sentidos. Pero ésa es la prueba mayor de connivencia de Negrín con los soviéticos, porque era necesario saber lo que era y cómo funcionaba el estalinismo para pedirle al PCE que te nombrara un secretario.

Negrín embaucó a muchos con el cuento de que había que prolongar la guerra hasta que llegara la Guerra Mundial y nos sacaran de penas. Lo que realmente sucedió fue el pacto germano-soviético, que dejó a la República liquidada. Pero, antes de ese pacto, que mostraba hasta extremos obscenos que nazis y comunistas habían usado a España como simple teatro de sus forcejeos amistosos, porque allá se iban Hitler y Stalin, es seguro que Negrín estaba al tanto de lo que se tramaba y se trataba.

Es seguro que Negrín sabía qué iba a ser de la República y, en consecuencia, de media España. Dispuso de los fondos robados e los bancos para fundar el SERE, presuntamente para ayudar a los presos y exiliados del campo republicano. En realidad, fue su modo de crear el partido que nunca tuvo, por lo menos español.

Hay secretos que se fueron con Juan Negrín a la tumba, pero, la verdad, no creo que sea una tumba digna de ser visitada. Por si quieren datos que justifiquen algunos adjetivos, les recomiendo el libro de Olaya Morales La gran estafa. Trata de Negrín.