lunes, 12 de noviembre de 2012

Informe de la Academia de la Historia

La Real Academia de la Historia tiene conocimiento de las deficiencias y de las omisiones en la enseñanza de la historia en los planes de estudio vigentes.
Los académicos que enseñan en la Universidad saben de la ignorancia cuando no de la tergiversación– de la historia que padecen los alumnos.
Un buen número de académicos correspondientes enseñan historia en Institutos de distintas comunidades autónomas, y sufren de la imposibilidad de formar a sus alumnos por la vigencia de unos planes de estudio en los que la materia no tiene cabida, o la tiene muy parcialmente.

Por estas razones, y desde hace años, la Academia ha querido reunir información detallada de cómo se enseña la historia en la E.S.O. y en el bachillerato. Para ello, ha contado con el concurso y la colaboración de sus miembros correspondientes con el fin de formular su parecer razonado sobre tan importante cuestión.
La Academia quiere ser fiel a uno de los principios que la rigen, expresado en la Real Cédula fundacional, de 18 de Abril de 1738, pues se señala en ella que los académicos habrán de contribuir, con sus trabajos "a aclarar la importante verdad de los sucesos, desterrando las fábulas introducidas por la ignorancia o por la malicia".

Las realidades del presente hacen ver la vigencia de esta necesidad, por lo que la Academia ha decidido cumplir con este cometido para expresar su opinión y darla a conocer libremente.

1. La historia ha sido uno de los fundamentos de la enseñanza secundaria en la España del siglo XX, por la convicción de que la disciplina proporciona elementos imprescindibles para la formación general de los ciudadanos.
La concepción de la historia, dominante en los últimos decenios del siglo XX, difiere de la que estaba vigente al comenzar la centuria, lo que no afecta en modo alguno al papel que la historia desempeña en el curriculum" escolar de los españoles.
En todo caso, dada la estrecha conexión que existe entre la historiografía y la enseñanza de la historia, cabe deducir que las novedades acaecidas en el ámbito de la concepción y de la investigación histórica han coincidido con cambios inevitables en el ámbito de la enseñanza de la disciplina.

El panorama que presenta en estos momentos la enseñanza de la historia en España, en los niveles educativos secundarios, es sumamente preocupante.
En el otoño del año 1996, la entonces ministra de Educación y Cultura, Esperanza Aguirre, en una conferencia que pronunció en la Real Academia de la Historia, señaló las insuficiencias que observaba en el campo de la enseñanza de la historia, así como, en general, en todo lo concerniente a las humanidades. Poco tiempo después, se formaron diversas comisiones y se pusieron enseguida a trabajar, con el fin de informarse sobre la materia y de exponer los principios en los que debiera fundarse la implantación o la aplicación de las disciplinas humanísticas en la enseñanza media.

Una de esas comisiones, constituida bajo los auspicios de la Fundación Ortega y Gasset, se encargó de proponer reformas en el área de "Ciencias Sociales, Geografía e Historia". Cuando los resultados de esta comisión se hicieron públicos en el otoño de 1997, comenzó en toda España una viva polémica.
En los meses de noviembre y diciembre de ese año, aparecieron en la prensa española varios cientos de artículos, todos ellos sobre diferentes aspectos y problemas de la enseñanza de la historia. Las opiniones fueron sumamente variadas, pero cabe señalar que la polémica se centró más en el ámbito de la discusión política que en las cuestiones puramente académicas. Por lo demás, el asunto de la reforma de la enseñanza de las humanidades, y en concreto de la historia, se debatió en el Parlamento, predominando allí, lamentablemente, las posturas políticas partidistas.

Al final, el proyecto quedó en suspenso. Ahora bien, lo sucedido puso de relieve el gran interés que despierta en la sociedad española el problema de la enseñanza de las humanidades y, en concreto, el de la historia.
La idea de emprender una reforma en el "curriculum" de las disciplinas humanísticas de la enseñanza secundaria, y en particular de la historia, fue recogida por una nueva comisión, constituida en el año 1998 tras llegar a un acuerdo entre el Ministerio y las Comunidades Autónomas que en aquellas fechas tenían competencias educativas en los niveles secundarios.

Presidida por Don José Antonio Ortega y Díaz-Ambrona, en la comisión figuraron dos miembros de la Real Academia de la Historia. Los resultados de los trabajos de esta nueva comisión, dados a conocer en su momento a la opinión pública, no terminaron por concretarse en resultados aplicables a la realidad educativa. De lo señalado, cabe deducir que las actitudes respecto a la enseñanza de la historia en el momento de escribir este Informe, en los primeros meses del año 2000, son análogas a las que existían en España a finales de 1996, cuando, desde el Ministerio de Educación y Cultura, la titular manifestó su descontento sobre la enseñanza de las humanidades, en general, y de la historia, en particular.

No obstante, en el tiempo transcurrido desde entonces se ha podido reflexionar sobre la necesidad de promover el estudio de las humanidades y el de la historia y son mayores hoy las posibilidades de llegarse a acuerdos que hagan posible ampliar y mejorar el conocimiento de la historia general, sin que se descuide, por ello, el estudio de los particularismos propios de cada comunidad autónoma.


2. Diversas naciones europeas, en particular Alemania, Francia y Gran Bretaña, fueron testigos, en el decenio 1970-1980, de un vivo debate sobre la enseñanza de la historia en los niveles medios. Las enseñanzas de historia fueron criticadas por haber estado al servicio de los estados-naciones, pero también por la insistencia en los acontecimientos político-militares y por el predominio de lo memorístico respecto a lo analítico. Las críticas respondieron al cambio de planteamientos impuesto por historiadores como Marc Bloch y Lucien Febvre desde la revista francesa Annales y al interés creciente que despertó, desde 1930, la historia económico-social.

Simultáneamente, se defendió la necesidad de integrar el estudio del pasado, del que sólo parecía interesar el tiempo más reciente, en una especie de "gemeinschaftskunde" o ciencia global de la sociedad.

El historiador alemán Jürgen Kocka señaló, en 1986, refiriéndose a las disputas habidas en su país en el decenio anterior, que se corrió el peligro de que los funcionarios de la cultura y la enseñanza "redujeran la historia a la historia reciente y la viniesen a degradar a la condición de sierva de las ciencias sociales sistemáticas".

Por su parte, el hispanista francés Pierre Vilar indicó, en el coloquio celebrado en Pau en el año 1979, al aludir a los problemas planteados en Francia, que se corría el peligro de sustituir la enseñanza de la historia "por una mezcla de vulgaridades económicas, sociológicas, psicológicas". Sin embargo, tanto en Alemania como en Francia o en Gran Bretaña, esas corrientes fueron retrocediendo.
El plan Chevenement, aprobado en Francia en 1985, colocaba a la historia como disciplina específica, incluso en la enseñanza primaria.
Por lo que respecta a Alemania, el historiador J.Momsen, en un coloquio celebrado en Niza en 1986 bajo el título "Être historien aujourd´hui", señalaba que, en su país, la historia se consideraba, de nuevo, como una materia esencial, que debía ser objeto "de una enseñanza específica". En cuando a Gran Bretaña, el grupo de trabajo presidido por el profesor M.S.Watson propuso en 1990 un "curriculum" para la enseñanza de la historia en los niveles no universitarios de carácter marcadamente clásico, en el que se daba prioridad a la cronología y a los acontecimientos y al estudio preferente de la propia nación.

3. En España, también se ha vivido, en los decenios últimos, un gran debate sobre la enseñanza de la historia, aunque su desarrollo se produjo a partir de 1980-1990. Hay que tener en cuenta, para comprender ese retraso con respecto a otros países de Europa, las especiales circunstancias políticas en España a partir de 1975.
El deseo de reformar a fondo el sistema educativo del ámbito no universitario fue precedido, en el transcurso de los años 1980-1990, por varios ensayos de carácter experimental.
La conclusión fue, como es sabido, la aprobación, en el año 1990, de la LOGSE, ley en la que se funda el sistema educativo de los niveles primario y secundario actualmente en vigor en España.
Como consecuencia, la historia y la geografía, disciplinas tradicionalmente unidas en la enseñanza secundaria, quedaron adscritas a un área más amplia. Recibió la denominación de "Ciencias Sociales, Geografía e Historia". Con ello, se pretendió que los alumnos no se limitaran al estudio de cuestiones de índole histórica y geográfica, sino que también adquirieran nociones de economía, sociología, antropología, ciencias políticas y jurídicas. Es más, con frecuencia se oían voces que criticaban el aprendizaje, por los alumnos, de personajes o de acontecimientos del pasado, cuando – así se decía – lo que les interesaba era comprender los problemas del mundo en que vivimos.
Recordemos lo que manifestó en el año 1984 el entonces Director General de Enseñanzas Medias, José Segovia, en la revista "Muface": "La economía, la sociología, la antropología, la psicología, tienen que aportar elementos básicos en la formación de un ciudadano. Un ciudadano hoy no puede salir de un centro docente del nivel obligatorio sin saber lo que es la declaración de Hacienda, una letra de cambio o el valor del dinero, no puede salir sin saber lo que es una Constitución, la estructura psíquica de una persona, la sociedad, los grupos sociales, el cambio social o la movilidad social".
Ni que decir tiene que el logro de esos objetivos se encomendaba a los profesores de geografía e historia, lo que, obviamente, iría en detrimento de la enseñanza de sus tradicionales disciplinas. Es preciso señalar, a este respecto, que en otros países europeos se cursan en la enseñanza secundaria disciplinas como "Instrucción cívica" o "Sociedad y economía del mundo contemporáneo", pero siempre independizadas de la actividad específica de los profesores de historia.
En España, por el contrario, llegó a proponerse que el "curriculum" del área de "Ciencias Sociales, Geografía e Historia" se organizara a base de "los núcleos conceptuales básicos de las ciencias sociales". Los alumnos estudiarían, por ejemplo, temas como la familia, el municipio, el mercado, los sindicatos, los partidos políticos, el ocio. La historia, de haberse aceptado estas propuestas, habría quedado reducida a una especie de introducción al estudio de cada uno de esos temas. De todos modos, estos planteamientos, de haber triunfado, hubieran supuesto la muerte definitiva de la historia como disciplina a cursar en la enseñanza secundaria.

También hubieran originado el fin de la historia como preservadora de la memoria colectiva.
En el proyecto de reforma de los años ochenta, por otra parte, se insistía en la necesidad de asegurar las bases pedagógicas de la actividad docente. Esta idea, en principio loable, tuvo, no obstante, efectos negativos en lo que se refiere al ámbito de la historia.
La tradicional enseñanza de la historia del Bachillerato, se repetía por doquier, se había caracterizado por estar ayuna de elementos didácticos. Era la "historia sin pedagogía", como se la ha calificado recientemente.
Pero la conveniencia, que en absoluto negamos, de que el profesor de enseñanza secundaria conozca los fundamentos de la psicopedagogía fracasó en lo que se refiere a la enseñanza de la historia. Partiendo de las ideas que se recogían en el folleto "Los presupuestos didácticos de la reforma", en los que podía leerse que "se trata de ir más allá de las enseñanzas académicas tradicionales y de atender a otros aspectos que suponen desarrollo de capacidades, de hábitos, de actitudes", se criticaba la denominada "historia académica". Se la consideraba centrada en la cronología y en los acontecimientos. Se pensaba que lo importante no era saber más o menos cosas del pasado, sino adquirir las destrezas propias de la disciplina, lo que se podía conseguir tanto si se estudiaba la revolución francesa como la historia de la iglesia contigua al centro de enseñanza de que se tratara.
Ante tales planteamientos, se podía objetar que no es posible conseguir una visión general del pasado mediante una disciplina convertida en historia local, discontinua y particularista. Más aún: después de haber puesto en marcha, en plan experimental, un curso titulado "Dimensión histórica de las sociedades", los reformadores de la enseñanza llegaron a la conclusión de que lo importante, en el estudio del pasado, era poner el acento en el aprendizaje por los estudiantes de conceptos tales como "¿qué es el tiempo histórico?", "¿cómo trabaja el historiador?", "¿por qué se producen cambios en el tiempo?", "¿qué variables aparecen interrelacionadas en un momento histórico concreto?", y otras, a este modo.
Para llegar a tales resultados, se pensaba que era válido tanto tratar de hechos importantes del pasado como de acontecimientos locales de trascendencia comarcal. No tiene nada de extraño que, ante esa situación, Don Fernando Arroyo, director del Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad Autónoma de Madrid, afirmara, en un artículo aparecido en El País el 10 de marzo de 1987, que la obsesión por "cómo" enseñar había anulado por completo "qué" enseñar.
Algunas propuestas aparecidas en aquellos años rayan en el puro disparate. Hubo profesores que proponían a los alumnos ejercicios sobre países inventados, con datos imaginados de evolución de la población y de la producción. Se pretendía con ello que los alumnos se acostumbraran a examinar las relaciones entre variables demográficas, económicas y sociales. También se sugirió, en un libro editado en 1992 con el título Para comprender la historia, que se estudiase la disciplina prescindiendo de la cronología. El pasado, según sus autores, está en igual plano, tanto los tiempos paleolíticos como los de la segunda guerra mundial, y a él acudimos con el fin de obtener enseñanzas útiles para nuestra propia vida. Dado que la vida humana se inscribe básicamente en cuatro planos, siempre según los autores de la obra citada, el político, el social, el económico y el cultural, el libro analiza aspectos de cada uno de ellos.
El orden que se sigue es el siguiente: "los cambios políticos en la antigua Atenas"; "las transformaciones sociales en la sociedad feudal"; "la Revolución Industrial en Europa"; "las ideas de la Ilustración". Más aún: después de analizar un caso concreto, como el de "los cambios políticos en la antigua Atenas", se propone pasar revista, aunque más sucintamente, a otros aspectos de naturaleza política, tales como "el paso del sistema republicano al imperial en Roma" o "la Revolución Francesa", actuando de igual manera en los restantes apartados. El libro se cierra con lo que se denomina un proceso complejo "La Segunda Guerra Mundial y la construcción del mundo actual". Cabe decir que el método resulta, cuando menos, farragoso para los jóvenes escolares que comienzan a estudiar historia.

4. Los elementos analizados, pese a todo, no son suficientes para entender la situación actual de la enseñanza de la historia en España en los niveles secundarios. Hay que tener en cuenta, asimismo, un problema fundamental, de naturaleza esencialmente política. Nos referimos a la construcción en España del denominado "Estado de las Autonomías". La nación española, definida en la Constitución de 1978 como "patria única e indivisible de todos los españoles", está a su vez integrada por un conjunto de "nacionalidades y regiones". Algunas de esas "nacionalidades", ya gozaron de Estatutos de Autonomía en tiempos de la Segunda República. Actualmente, se ha utilizado, para calificarlas, el adjetivo "históricas". Desde mediados del siglo XIX, ha habido en ellas grupos que manifiestan deseos de autogobierno. Tal ocurre, por ejemplo, en Cataluña y en el País Vasco. El papel que siempre desempeñó el pasado en la conformación de una conciencia nacional, explica el interés, en esos territorios, por la enseñanza de la historia. Ni que decir tiene que se inició, con ello, un camino sumamente arriesgado, toda vez que la historia pudo convertirse en un arma al servicio de la exaltación de cada "nacionalidad" o "región". Así, se dio la contradicción de haber criticado en el pasado el carácter nacionalista de la historia que se enseñaba en España y de reproducir ahora ese planteamiento en las diversas Comunidades Autónomas. Por lo demás esos peligros fueron señalados enseguida, al rechazar la concepción de España como "unidad de destino en lo
universal" que, en diversas áreas geográficas de la Península, se quisiera considerarlas igualmente como "unidades de destino en lo universal" desde la más remota antigüedad.

El modelo autonómico de estado se tradujo, a la postre, por lo que al establecimiento del sistema educativo se refiere, en la fijación de unas cuotas de participación de las diversas Comunidades en la elaboración de los "curricula". El Ministerio fijaba los contenidos mínimos, comunes para todos los escolares españoles, cualquier que fuese el lugar en donde residiesen. Esos mínimos suponían el 55 % del "curriculum" en aquellas Comunidades Autónomas con lengua propia, elevándose, en las restantes, al 65 %. El resto del "curriculum", 45 % en unos casos, 35 % en otros, correspondía, según la expresión de moda en los años de la transición, a las "nacionalidades y regiones del estado español".
De lo señalado, se deduce la confluencia, en lo que respecta a España y a su historia, de elementos comunes y de elementos propios de cada Autonomía.

Ahora bien, la realidad educativa de los últimos años hizo ver hasta qué punto se había pasado de una época caracterizada por la exaltación del nacionalismo español a otra en la que los elementos comunes del proceso histórico parecían a punto de perderse. En ocasiones, daba la impresión de que la vieja historia de España se fragmentaba en múltiples historias regionales. No puede negarse la oportunidad de que en cada Comunidad Autónoma, se estudie su historia singular. Pero el inconveniente, tal como señaló en sus declaraciones al periódico El País, el 2 de noviembre de 1997, Joaquín Prats, catedrático de Didáctica de las Ciencias Sociales de la Universidad de Barcelona, es que "se resalta lo que nos separa, todo aquello que en el pasado nos ha enfrentado a unos con otros", lo que puede conducir a la xenofobia y al racismo.

5. Resulta sumamente difícil conocer cual es el estado actual de la enseñanza de la historia en España en los niveles educativos secundarios. Desde el exterior, se puede hacer un análisis tanto de los "curricula" oficiales como de los libros de texto que utilizan los alumnos. La Academia tiene copiosa información sobre el contenido de los libros de texto en toda España. Pero le faltan noticias sobre un elemento esencial: la actividad docente desarrollada por cada profesor en su aula.
No cabe duda de que las deficiencias de los programas, o de los libros en uso, pueden ser mitigadas por un buen profesor, sobre todo si en él se dan dos condiciones fundamentales: capacidad para comunicarse con los alumnos y una buena formación.
De todos modos, la Academia puede dar noticias sobre los dos primeros elementos citados: los "curricula" y los libros de texto. Veamos cuales son las líneas generales del "curriculum", en lo que respecta a la disciplina de historia, en los niveles secundarios.

La enseñanza media, en los momentos actuales, está integrada por dos partes bien diferenciadas. La primera, denominada Enseñanza Secundaria Obligatoria (en adelante diremos simplemente E.S.O.), la cursa toda la población estudiantil española comprendida, "grosso modo", entre los 12 y los 16 años.
La segunda, comprende el Bachillerato propiamente dicho, y consta de dos cursos. La cursan los escolares de 16 a 18 años de edad y no tiene carácter obligatorio.

En la E.S.O., la historia, ya lo hemos señalado en páginas anteriores, forma parte de un área más amplia, que se conoce como "Ciencias Sociales, Geografía e Historia".
En el Bachillerato, por el contrario, hay dos asignaturas específicas de historia.
Una de ellas común para las diversas modalidades del citado ciclo educativo. Se denomina, simplemente, Historia, aunque, de hecho, se refiere a la historia contemporánea de España. La otra, tiene carácter optativo, y recibe la denominación de Historia del Mundo Contemporáneo.
Por lo que respecta a la E.S.O., el "curriculum" que se elaboró finalmente desde el Ministerio de Educación, al que le correspondía establecer los elementos mínimos comunes a todos los escolares españoles y puede calificarse de ecléctico, pues en él aparecen cuestiones de inequívoco contenido histórico, o geográfico, junto a otras relativas a la economía, la sociología, la antropología, las ciencias políticas. De todos modos, la historia y la geografía aparecían en este "curriculum" como las disciplinas básicas del área, tanto por su vertiente universalista como por su mayor tradición pedagógica. Los contenidos de historia aparecen sustancialmente en la sección titulada "Sociedades históricas y cambio en el tiempo". En esta parte, que comienza con una "iniciación a los métodos históricos", se hace una exposición de los hechos desde los tiempos primitivos hasta los contemporáneos, incluyendo en su intermedio el estudio de "alguna sociedad destacada de ámbito no europeo durante las Edades Media y Moderna" y se concluye con un apartado que se denomina "sociedades y culturas diversas".

De tal planteamiento resulta que los enunciados relativos al proceso histórico son sumamente escuetos, como cuando se dice "grandes cambios y conflictos del siglo XX" o, a continuación, "transformaciones en la España contemporánea". Hay otra sección, la denominada "El mundo actual", que puede considerarse incluida en el ámbito de la historia. En él se exponen los cambios y desequilibrios del mundo actual, la organización económica y los problemas del trabajo, el poder político, el arte y la cultura. Lo indicado constituía el 55 o 65 % del "curriculum", correspondiendo fijar el resto a las Comunidades Autónomas que, en su momento, tenían competencias educativas en los niveles no universitarios. En general, se observa un contraste entre la parte del "curriculum" de origen ministerial, que suele ser muy esquemática, y la de las Comunidades Autónomas, siempre más detallada. Así, por ejemplo, en el caso de Galicia, la época medieval se desarrolla mediante diversas cuestiones: "el reino suevo de Galicia", "el camino de Santiago" y "la conflictividad económica, social y política en la baja edad media; el ejemplo gallego".
Sorprende, asimismo, el amplio apartado que aparece en el "curriculum" de la Comunidad andaluza a propósito de las manifestaciones artísticas anteriores a la época contemporánea, que se inician con "el megalitismo en Andalucía" y concluyen con "el arte neoclásico y la burguesía ilustrada en Cádiz".

En el Bachillerato, la historia, como antes se señaló, tiene denominación propia. La asignatura fundamental, por cuanto deben cursarla todos los alumnos, se denomina simplemente Historia. Una vez más, el Ministerio fijó unos contenidos mínimos, completados con lo que proporcionan las diversas Comunidades Autónomas que tenían competencias educativas en 1994. Los mínimos ministeriales indican que deben estudiarse "las raíces históricas de la España contemporánea", y los grandes hitos de la historia española durante los siglos XIX y XX.

Respecto a las denominadas "raíces históricas", cabe decir que, con tal enunciado, se alude al tiempo histórico que denominamos "Antiguo Régimen", pero, en el caso del porcentaje del "curriculum" elaborado por la Comunidad Autónoma de Andalucía, encontramos referencias precisas a cuestiones como "la integración de España en el ámbito de las culturas mediterráneas", "el legado cultural de Roma", "las aportaciones culturales de al-Andalus: significado especial para Andalucía" o "el proceso repoblador y su incidencia en las estructuras agrarias: los repartimientos en Andalucía".

La otra asignatura del Bachillerato, Historia del Mundo Contemporáneo, exclusiva del Bachillerato de Humanidades
y ciencias Sociales, trata de lo acaecido en el mundo durante el siglo XX.
La impresión que se tiene al concluir este somero recorrido en la enseñanza de la historia, en cuanto que se destina al conjunto de los ciudadanos españoles, es decir, en la E.S.O., es de desdibujamiento e imprecisión, al menos en lo que se refiere a los elementos comunes.
En todo caso, se privilegia a las Comunidades Autónomas que disponen de un amplio margen, sobre todo a las que tienen lengua propia, para reforzar el estudio de su pasado.
Por otra parte, se promueve el predominio indiscutible de la contemporaneidad, único período que cuenta en el Bachillerato, lo que promueve la desconexión entre el pasado más lejano y el más próximo, como si éste tuviese en sí mismo su propia explicación.

6. El "curriculum" de la E.S.O. establecía las líneas fundamentales de las cuestiones históricas que debían tratarse en las clases.
La articulación concreta de los contenidos quedaba a la libre disposición de los centros escolares. Las posibilidades que se ofrecían a los docentes eran amplísimas. De todos modos, los libros de texto, tan criticados en los años ochenta por los partidarios de la reforma, han sido los que, a la postre, han terminado por desempeñar un papel decisivo en lo que a la fijación del "curriculum" se refiere.
El panorama existente hoy día en España, en el campo de los libros de texto del área en que aparece la historia y dirigidos a la E.S.O. y al Bachillerato, es tan heterogéneo que resulta sumamente difícil ofrecer una síntesis del conjunto. Por de pronto, la oferta es muy amplia, pero quizá lo más significativo es la diversidad de posibilidades elegidas por los autores a la hora de articular los contenidos curriculares. De ahí que se ofrezcan soluciones para todos los gustos.

Hay editoriales de gran prestigio, que editan libros para todas las regiones de España, junto a otras cuya proyección suele ser una específica Comunidad Autónoma.
Por lo general, todos los libros de texto actualmente en vigor suelen ser obra de un equipo relativamente amplio de autores, en el que figuran profesores de secundaria junto a docentes del nivel universitario.
La primera impresión que se obtiene al acercarse a los libros de texto de que tratamos es que se está en presencia de obras muy cuidadas, con buena impresión y, por lo general, numerosas ilustraciones de alta calidad.
Los libros suelen ir acompañados de numerosos mapas, gráficos y cuadros, así como también de una profusión de textos históricos.
Así pues, los libros ofrecen, en la mayoría de los casos, un buen material complementario.
No suelen faltar tampoco los ejercicios destinados a los alumnos.
De todas formas, es posible que en los actuales libros de texto la imagen predomine rotundamente sobre la parte escrita.
Se observa, asimismo, una preocupación por dar a conocer a los escolares, aunque en grado elemental, las técnicas de investigación que utilizan los historiadores.
A veces, da la impresión de que se pretendiera no tanto enseñar historia como enseñar a investigarla.
Ello obedece al influjo, que juzgamos excesivo desde la perspectiva en que nos  situamos, del formalismo pedagógico.
Más que transmitir conocimientos de historia, lo que se pretende, eso es al menos lo que se deduce del análisis objetivo de los libros de texto, es poner el acento en los métodos de trabajo o en los valores que el alumno tiene que alcanzar.

Mas al examinar los textos propiamente dichos elaborados por los autores, la Academia ve cuestiones que considera muy preocupantes. Sin duda hay textos muy buenos, junto a otros confusos o, simplemente, de una elementalidad supina.
Lo más llamativo es la heterogeneidad de los textos de historia, tanto en lo que se refiere a los contenidos como a las secuencias.
En algunos casos, la visión general de la historia que pueden tener los alumnos de la E.S.O. queda cortada por verdaderos saltos "en el vacío", como el de pasar del estudio del mundo antiguo al moderno, sin hacer la menor mención de la época medieval.
No es posible justificar esas omisiones.
En muchos casos, y esto nos parece sumamente grave, se observa la falta de un hilo conductor explicativo del proceso histórico.

No obstante, los dos aspectos más criticables, desde el punto de vista de la Academia, son,
*.-  por una parte, la poca importancia que se le da al estudio de la historia anterior a la época contemporánea y,
*.-  por otra, la visión parcial y vagaque los alumnos obtienen del proceso histórico español.
Prima sobremanera, ya en la E.S.O., la historia contemporánea y del mundo actual.
Por el contrario, el acontecer desde los tiempos primitivos hasta el siglo XIX suele reducirse a algunas descripciones, muchas veces incoherentes, estudiadas por los alumnos en el primer ciclo de la E.S.O., es decir entre los 12 y los 14 años.
Hay que tener en cuenta, por otra parte, que en la educación primaria los alumnos estudian "el medio natural y social", en el que la presencia de la historia es mínima. De ahí que al acceder a la E.S.O., es cuando empiezan a estudiar historia. Los que pasen de la E.S.O. al Bachillerato limitarán sus estudios de historia a los tiempos contemporáneos.
En cuanto a la historia de España, cabe señalar que, en la E.S.O. el tratamiento del proceso histórico español aparece sumamente desdibujado, cuando no superado claramente por la visión particular del pasado de esta o aquella Comunidad Autónoma. En el Bachillerato, ya lo hemos señalado, lo anterior al siglo XIX se reduce a una breve introducción.

7. Como muestra, hemos elegido unos textos, relativos a los cursos 3º y 4º de la E.S.O., de dos Comunidades Autónomas, Galicia y el País Vasco. En el caso de Galicia, los textos pertenecen a una editorial que goza de gran predicamento allí, Galaxia. Están escritos en lengua gallega.
El curso tercero se articula en seis unidades didácticas: "La época de la industrialización"; "Las ideas de libertadavanzan en el mundo"; "La lenta modernización de Galicia"; "Las desigualdades a nivel mundial: el sur menos desarrollado"; "los países desarrollados entre el estado de bienestar y la economía planificada"; "Sociedad de consumo y mediosde comunicación".

El curso cuarto consta también de seis unidades didácticas: "Estados, fronteras y conflictos"; "Integración internacional y desequilibrios regionales. La Unión Europea"; "Las democracias y sus problemas"; "Galicia de la dictadura a la democracia"; "Avances científicos y nuevas corrientes artísticas en el siglo XX"; "Viajes, ocio y turismo. El camino de Santiago".

Las cuestiones que se estudian en estos dos cursos se refieren, básicamente, a los tiempos contemporáneos. La primera unidad del curso tercero se sitúa en el siglo XIX. No obstante, la segunda unidad se dedica a la época de la Ilustración. En cualquier caso, tanto el curso tercero como el cuarto se han articulado más en función de los problemas del presente que del proceso histórico propiamente dicho. Así, por ejemplo, se analiza la revolución francesa en la segunda unidad del curso tercero, que trata del avance de la libertad.
Es decir: después de haberse referido a la industrialización en el siglo XIX. De la historia de España en los siglos XVIII y XIX, no se trata, salvo, a lo sumo, en algunas brevísimas referencias aisladas, ya sea al ferrocarril Barcelona-Mataró, al reformismo ilustrado de Carlos III, a las Sociedades Económicas de Amigos del País o al voto en el siglo XIX. En cambio, la historia de Galicia tiene un indudable protagonismo.
Esas observaciones a propósito del libro del curso tercero que venimos comentando continúan, incluso agravadas, en el libro del curso cuarto. Aquí se trata expresamente de España en tres ocasiones: la primera a propósito de su entrada en la Unión Europea, la segunda respecto a lo acaecido en el siglo XX y la tercera en lo referente e la transición a la democracia.

Ahora bien, lo sorprendente es que todo lo acaecido en España en tiempos de la Segunda República, la guerra civil y el régimen de Franco, hasta 1975, se limita a 22 líneas, que ocupan una página del libro, en la que hay también una fotografía del "Guernica" de Picasso, otra del encuentro Franco-Hitler en Hendaya y, en la parte inferior, unas cuantas preguntas.
Por el contrario, lo sucedido en Galicia desde la guerra civil hasta el presente ocupa una unidad didáctica, es decir, más de veinte páginas.
No deja de ser asimismo sorprendente que en la última unidad del curso cuarto se trate de viajes, ocio y turismo, concluyendo con un breve estudio del camino de Santiago, en el que los autores se remontan a los tiempos medievales.
Lo indicado no es óbice para señalar que los libros en cuestión tienen aspectos positivos en su presentación, en las ilustraciones que les acompañan, en los mapas, gráficos y textos que incluyen, en las ideas básicas de comienzo de cada unidad didáctica, en el resumen final recogido en las páginas que se titulan "aprendemos" y en las actividades de evaluación. Pero, desde nuestra perspectiva, que no es otra sino analizar cómo se estudia la historia en los niveles educativos de secundaria, la conclusión final no puede ser más lamentable.

A los centros de enseñanza media del País Vasco, asisten alumnos formados en las ikastolas, en las que la historia que se enseña es de contenido parcial y tendencioso, inspirado en ideas nacionalistas favorecedoras del racismo y de la exclusión de cuanto signifiquen lazos comunes. En Navarra, en las ikastolas y en algunos centros públicos de enseñanza del modelo D, al alegar que no se dispone de materiales sobre la historia de ese reino, escritos en euskera, se emplean los utilizados en el País Vasco, o apuntes y fichas que proporcionan los profesores.

Del contenido de estos materiales manuscritos, no tiene conocimiento la Academia.
Los textos escogidos para el análisis de la enseñanza de la historia en el País Vasco forman parte del denominado "Proyecto Erein" y están escritos en lenguacastellana. En principio, difiere la estructura de estos libros respecto a los que hemos analizado de Galicia. Cada uno de ellos está dividido en cuatro grandesapartados: "Los recursos económicos", "Hacia un mundo universal y moderno (siglos XVI-XVII-XVIII)", "Hacia la sociedad industrial" y "La economía en la vida cotidiana" en el libro de tercer curso de E.S.O.; "La población actual y sus problemas", "La Historia más reciente", "Principales movimientos artísticos de los  siglos XIX y XX" y "La humanidad ante el nuevo milenio" en el libro de cuarto curso. Como se ve, hay secciones específicamente de historia, junto a otras de economía, población, arte. Así, en el libro de tercer curso hay una sección en la que se analiza la historia europea de los siglos XVI al XVIII y en el de cuarto otra en la que se trata de los siglos XIX y XX. Incluso la parte titulada "Hacia la sociedad industrial" se refiere a cuestiones históricas, básicamente relativas a la "revolución industrial". Ahora bien, al revisar la parte que se refiere a los siglos XVI al XVIII nos surgen algunos serios interrogantes. Se pasa revista, en esa sección, a los descubrimientos, la economía, la sociedad, la religión, el pensamiento, la ciencia y el arte de los tiempos modernos. Mas no hay nada que informe sobre la historia política. En concreto sólo se citan, de forma ocasional, dos monarcas: Carlos I, que aparece en la pág. 117 al señalar que "convocó las dietas de Worms y Spira", y Carlos III, mencionado en una ilustración de Jovellanos, del que se dice que era ministro de aquel monarca [sic], cuando lo fue de Carlos IV. La historia de España de los siglos XVI al XVIII es de todo punto ignorada. El único aspecto referido a España que se analiza con algún detalle es el que se ocupa del posible fracaso de la revolución industrial. Asimismo, en el libro de tercer curso apenas hay más que algunas menciones aisladas de la revolución francesa. Eso sí, en el texto de cuarto curso se dedican apartados a las revoluciones de 1820 y 1848.
Cabe preguntarse si se estudiaron las cuestiones que juzgamos ausentes en el libro de tercer curso en el anterior ciclo de la E.S.O. No parece probable, porque, en ese caso, no tiene sentido estudiar en el curso tercero, aislado de lo anterior, los cambios producidos entre los siglos XVI y XVIII. El libro de cuarto curso, por el contrario, contiene una visión de la historia de los siglos XIX y XX, general y española, y, por supuesto, de Euskal Herria. Eso sí: los aspectos complementarios son excelentes, al igual que sucedía en los textos gallegos antes analizados. Por otra parte, el proyecto Erein incluye unas interesantes guías didácticas, tanto para el tercer curso como para el cuarto.

8. Podemos, pues, concluir que los problemas existentes hoy en día en cuanto a la enseñanza de la historia en España en los estudios secundarios contienen tres elementos, que podríamos definir como el sociologismo, el pedagogismo y las circunstancias políticas. La enseñanza de la historia comenzó a resentirse, desde la segunda guerra mundial a causa la gran influencia ejercida por el sociologismo, utilizando este término en el sentido de proponer una visión del pasado alejada del tradicional proceso cronológico y vinculada al análisis que permitiera la utilización de las formulaciones teóricas del presente. Asimismo, la obsesión pedagógica ha tenido sus efectos negativos, pues, al poner tanto énfasis en los métodos de la enseñanza, se ha terminado por olvidar qué es lo que hay que enseñar. A este respecto, nuestro compañero Rafael Lapesa comentó, hace unos años, que en sus tiempos no había cursillos en los que le prepararan a uno para enseñar lo que no sabe. Finalmente, las circunstancias políticas tienen que ver con la pretensión de las Comunidades Autónomas de utilizar la historia al servicio de objetivos ajenos a los planteamientos académicos, como se puede comprobar en el gran número de informes en que se fundan estas páginas.

La Academia considera que la enseñanza de la historia no puede prescindir de lo que podemos denominar "señas de identidad" de la disciplina. Los elementos básicos son la cronología y los acontecimientos. "Los hechos no son la historia, pero no puede hacerse historia prescindiendo de ellos", dijo en su día Don Claudio Sánchez Albornoz, miembro insigne de esta casa. No obstante, que no se entienda que al exponer esta idea la Academia defiende una enseñanza de la historia convertida en relación de series de reyes y de batallas y tratados. Los grandes personajes y los acontecimientos políticos deberán servir para formar el armazón de la disciplina, en la que habrán de presentarse, en sus interdependencias, lo económico, lo social y lo cultural. La idea de la historia como un todo, aunque parezca utópica, deberá ser la meta a la que se dirijan las enseñanzas, aunque sea una meta inalcanzable. Asimismo, la historia habrá de explicarse como un proceso en el que se dan las continuidades y los cambios.
La historia, como se ha señalado en repetidas ocasiones, es el territorio del hombre. Todo lo que hacemos se sostiene, entiende y justifica sobre el fondo irrenunciable de lo que se ha sido. De ahí la importancia de la que llamamos "memoria histórica". Siempre se ha dicho que la Historia, en cuanto proporciona el conocimiento del pasado es, entre las distintas ciencias sociales, la que comprende la totalidad de lo humano. El estudio del ayer permite hacer inteligible el mundo que nos ha tocado vivir. Pero a la vez, si se utiliza el principio clásico de que la historia es "maestra de la vida", cabe obtener de ella enseñanzas útiles para orientar la acción dirigida a crear condiciones para que el futuro sea de concordiay de mejora.
La importancia social de la historia, entendida como disciplina académica, no sólo no ha decrecido sino que, por el contrario, se ha afianzado. Muestra de ello es, por ejemplo, el interés manifestado por la historia desde disciplinas ajenas alámbito de las ciencias humanas y sociales, tales como la física, las matemáticas, la medicina, la farmacia. Sus cultivadores se interesan en conocer tanto los orígenes como el proceso de desarrollo en el tiempo. El interés popular por la historia es manifiesto, como prueban el éxito editorial de los libros que se publican, el de las exposiciones, el de las revistas de divulgación y las emisiones televisivas de contenido histórico. Las deficiencias y las tergiversaciones en la enseñanza de la historia en la E.S.O. y en el bachillerato parece como si impulsaran a quienes las sufren a compensarlas, por su cuenta, con la lectura y con la visita a exposiciones y museos.
Por todo ello, es preciso insistir en la defensa de la enseñanza de la historia en los niveles de la educación secundaria orientados al conjunto de los ciudadanos.
Resulta necesario y urgente romper el círculo vicioso establecido entre la supuesta pugna nacionalismo españolista - nacionalismos periféricos. La historia de España es una realidad innegable, que tiene que estar presente en el "curriculum", aunque no sea de forma dominante. Sin duda, la vía de futuro más razonable es la que tiende a insertar la historia de España en el conjunto de la historia europea y en la del mundo. Ahora bien, lo señalado no está reñido con el estudio singular de aquellos aspectos propios de cada territorio español. Incluso lo local tiene cabida, aunque en su justa medida, por facilitar que los escolares hagan pequeños trabajos y sientan el interés de lo próximo. Es preciso armonizar las perspectivas mundial, nacional, regional y local. Cada una de ellas tiene su sitio en la enseñanza de la historia. Lo que hay que rechazar es la confrontación, como en ocasiones ocurre, entre lo español y lo peculiar de las comunidades autónomas, lo mismo que son rechazables las confrontaciones entre la historia de España y la de cualquier otro ámbito o nación.

La Real Academia no pretende definir cuales hayan de ser las proporciones que, en el ámbito de "ciencias sociales", deban corresponder a la historia y a la geografía. La Academia cree cumplir con su obligación al señalar que, si en otros países de Europa la historia está tan desatendida como en España, en ninguno laignorancia sobre el pasado se utiliza con la finalidad política de tergiversar y de oponer. El mayor peligro que la Academia ve en la ignorancia es que facilita la tergiversación y el enfrentamiento.

La Real Academia de la Historia piensa que es muy conveniente que, en los distintos ámbitos –autonómico, local,- se estudie lo propio, en historia y en geografía, pero cree imprescindible que ese estudio no impida, sino que favorezca, el de las relaciones mutuas con la historia general, española, europea y mundial. La Academia no desea que la mayor atención que se preste al estudio de la historia llegue a formar "imágenes míticas" propias de una "Historia de España homogénea". El estudio de lo propio en cada comunidad autónoma, es compatible con el de la historia común, para la que cabría utilizar libros de texto en los que fuese equilibrado y armónico el tratamiento de las distintas épocas del pasado. Estos libros  pueden ser estudiados en todos los centros, lo mismo que se hace con los de historia en otros países de la Europa Unida, con tantas o mayores diversidades que las de España.

Asesinatos de ETA (1968-2009)

viernes, 2 de noviembre de 2012

MAS DEBE ACATAR , SÍ O SÍ, LA CONSTITUCIÓN

La opinión pública está a la espera de que Mariano Rajoy se desembarace de las cautelas de Pedro Arriola y declare públicamente que Artur Mas cumplirá, sí o sí, con lo que exige la Constitución.
En el Título X, artículos 166-169, se permite la reforma constitucional y que se plantee lo que Artur Mas propone.
Vivimos en un país libre, en un Estado de Derecho. Es obligado someterse a la ley que refleja la voluntad general libremente expresada.
Lo que Artur Mas pretende debe ser aprobado por los dos tercios del Congreso, después por los dos tercios del Senado.
A continuación se disuelvan las Cortes y se celebran elecciones generales. El nuevo Congreso y el nuevo Senado deben aprobar otra vez y también por dos tercios la propuesta de Mas y a continuación, referéndum nacional, porque este es un país de hombres libres e iguales y corresponde a todos los españoles votar si están de acuerdo o no con la secesión de una región de España.
Si Artur Mas no se pliega a lo que exige la Constitución, entonces el Gobierno, conforme el artículo 155, deberá intervenir Cataluña.
Todo esto lo debe decir públicamente Mariano Rajoy, no un periodista.
La persona que ha proclamado que convocará, sí o sí, un referéndum no es un dependiente de El Corte Inglés ni un comentarista provocador. Es el presidente de una Comunidad Autónoma de especial relieve.
Y Mariano Rajoy no puede continuar agazapado en su madriguera monclovíta. Tiene que salir de ella y aclarar las cosas ante una opinión pública cada día más atónita. Luis María ANSON

sábado, 13 de octubre de 2012

Sabino Arana: «Ya lo sabéis, euskaldunes, para amar el euskera tenéis que odiar a España»

«Ya lo sabéis, euskaldunes, para amar el euskera tenéis que odiar a España», afirmaba el fundador del PNV.
«Tanto nosotros podemos esperar más de cerca nuestro triunfo, cuando España se encuentre más postrada y arruinada», remataba el ideólogo del partido que ahora aspira a gobernar en la Comunidad Autónoma Vasca.
Pero su aportación intelectual no tiene límites:
«Si a esta nación latina (España) la viésemos despedazada por una conflagración intestina o una guerra internacional, nosotros lo celebraríamos con fruición y verdadero júbilo...», añadía uno de los inspiradores de la ETA que durante medio siglo se ha dedicado a despedazar españoles.
«Es preciso aislarnos de los maketos (españoles) en todos los órdenes de la vida. De otro modo, aquí en esta tierra que pisamos, no es posible trabajar por la gloria de Dios», añade en otro punto el «catecismo sabiniano».

Arana, contra los catalanes

«Gran daño hacen a la Patria cien euskaldunes que no saben euskera», pero «mayor es el que le hace un solo maketo que lo sepa», consideraba un Sabino Arana que hubiera estado en contra, por esta regla de tres, de que el descubridor de la penicilina, Alexander Fleming, y tantos y tantos científicos que han permitido la evolución de la Humanidad trabajaran en el País Vasco.
«Antiliberal y antiespañol es lo que todo vizcaíno debe ser, según el lema de Dios y Leyes Viejas», sentenciaba el fundador del PNV, que a día de hoy no ha sido desautorizado por sus herederos al frente del partido.
Un Sabino que también lanzaba dardos xenófobos contra los catalanes: «La política catalana, por ejemplo, consiste en atraer a sí a los demás españoles; la vizcaína, verbi gracia, es rechazar de sí a los españoles como extranjeros».

¿Qué pensara ahora Artur Mas ante esta otra perla sabiniana?: «Los catalanes quisieran que no solo ellos, sino también todos los demás españoles establecidos en su región, hablasen catalán; para nosotros sería la ruina el que los maketos residentes en nuestro territorio hablasen euskera».

domingo, 27 de noviembre de 2011

Memoria histórica: Resolución ignorada del Congreso de los Diputados sobre la Guerra Civil española (2002).

La Resolución de la Comisión Constitucional del Congreso que obtuvo el voto unánime de todos los grupos parlamentarios (20 de noviembre de 2002) afirma:

"Nadie puede sentirse legitimado, como ocurrió en el pasado, para utilizar la violencia con la finalidad de imponer sus convicciones políticas y establecer regímenes totalitarios contrarios a la libertad y a la dignidad de todos los ciudadanos, lo que merece la condena y repulsa de nuestra sociedad democrática".
Asimismo, en ella se habla del deber de nuestra sociedad democrática de "proceder al reconocimiento moral de todos los hombres y mujeres que fueron víctimas de la guerra civil, así como de cuantos padecieron más tarde la represión franquista".
Añade: "Cualquier iniciativa promovida por las familias de los afectados que se lleve a cabo en tal sentido, sobre todo en el ámbito local, deberá evitar que sirva para reavivar viejas heridas o remover el rescoldo de la guerra civil".

jueves, 11 de noviembre de 2010

Documento Enero 2008, campaña electoral del PSOE.

Lunes, 21 de enero de 2008.-
Documento:
TODAS las instrucciones y consignas a seguir por los socialistas y a neutralizar por el PP.
El texto contiene el núcleo del mensaje de campaña del PSOE y la idea a transmitir por sus defensores; todo “lo que se separe de ella, por muy brillante que parezca, es pernicioso para la campaña” del PSOE… y beneficioso para el PP.
'Si utilizas al enemigo para derrotar al enemigo, serás poderoso en cualquier lugar a donde vayas'. (Sun Tzu: “El arte de la guerra”)

PSOE – Partido Socialista Obrero Español
ELECCIONES GENERALES 2008
GUÍA DE CAMPAÑA
Enero de 2008

ÍNDICE
I. EL MARCO POLITICO DE LA CAMPAÑA
1. Las elecciones del 14 de marzo de 2004
2. La Legislatura 2004-2008
- El progreso económico, el empleo y la paz social
- Los avances sociales
- Las reformas democráticas y los derechos ciudadanos
- Los cambios en la realidad social y la aparición de nuevos problemas
- La obstrucción desde la oposición. La radicalización del PP
3. La situación política en el inicio del período electoral
4. La situación electoral

II. EL PLANTEAMIENTO GENERAL DE LA CAMPAÑA ELECTORAL
III. LOS OBJETIVOS ELECTORALES DEL PSOE
IV. LA CAMPAÑA DEL PSOE
1. ¿Qué se decide el 9 de marzo?
2. Modelo de campaña: La mirada positiva
3. Los ejes de nuestro proyecto:
a) El bienestar social y el pleno empleo
b) La modernización.
c) La convivencia
4. Los mensajes políticos
5. La idea básica de campaña.


I. EL MARCO DE LA CAMPAÑA
1. Las elecciones del 14 de marzo de 2004.
El 14 de marzo de 2004, los españoles decidieron poner fin al período de Gobierno del Partido Popular y abrir las puertas del cambio con un nuevo Gobierno del Partido Socialista presidido por José Luis Rodríguez Zapatero. A lo largo de la Legislatura se habían acumulado un conjunto de circunstancias que justificaban plenamente esa decisión de cambio:
- El Gobierno del PP, interpretando erróneamente la mayoría absoluta que había obtenido en las elecciones anteriores, entró en una deriva derechista con políticas cada vez más reaccionarias y cada vez más alejadas de la sensibilidad mayoritaria de la sociedad española. [Esta orientación ultraderechista del PP se ha mantenido hasta ahora, puesto que quienes la protagonizaron entonces son los mismos que siguen dirigiendo ese partido].
- España entró en una fase de retroceso de los derechos sociales, con decisiones claramente hostiles para los trabajadores (como el decretazo que pretendía consagrar el empleo precario como modelo de nuestro sistema laboral y que provocó una huelga general). Una política antisocial que potenciaba la desigualdad y la exclusión de los más débiles y que despreciaba los mecanismos de cohesión e integración social.
- La soberbia del gobierno del PP le condujo a despreciar sistemáticamente a la opinión pública, tomando decisiones trascendentales para España a sabiendas de que la inmensa mayoría de los ciudadanos no estaban de acuerdo con ellas. La implicación de España en la guerra de Irak fue la más grave, pero no la única de estas decisiones.
- Ello iba acompañado de un estilo de gobierno arrogante, autoritario y provocador de toda clase de conflictos y enfrentamientos con todos los sectores sociales y con todos los partidos políticos. El PP entró en una situación de aislamiento político que también se prolonga hasta hoy: ninguna fuerza política está dispuesta a caminar del brazo del PP, que además tiene por costumbre maltratar y despreciar a sus aliados.
- El gobierno del PP hizo de la manipulación y la mentira su primer instrumento político. Mintieron en los momentos más graves, cuando los ciudadanos más necesitan poder confiar en sus gobernantes. Las mentiras del Prestige y de la guerra de Irak desembocaron en el engaño masivo del 11-M. Y convirtieron a la radio y la televisión pública en una máquina de intoxicación y desinformación incompatible con la democracia.
- Por último, la sucesión de Aznar se resolvió de forma oscura y palaciega mediante la designación a dedo del más oscuro y palaciego de los candidatos: Mariano Rajoy. Un error que se ha convertido en una de las principales hipotecas del PP.
Mientras tanto, el Partido Socialista, renovado y dirigido por José Luis Rodríguez Zapatero, mantuvo una línea de oposición firme y a la vez constructiva, defendiendo con energía los intereses y los valores mayoritarios de los ciudadanos y a la vez defendiendo el interés de España con acuerdos de apoyo al Gobierno en las cuestiones de Estado.
Por todo ello, la voluntad de cambio fue creciendo hasta hacerse mayoritaria. Pero además, el 11 de marzo se produjo un atentado terrorista que mató a 191 personas; y los dirigentes del PP decidieron esa misma mañana utilizar el atentado para apuntalar su victoria electoral, engañando al país sobre la naturaleza y la autoría del crimen. Los ciudadanos detectaron el engaño y obraron en consecuencia.
Los dirigentes del PP fueron incapaces de digerir la derrota electoral. Primero, porque la derecha española siempre ha tenido dificultades para aceptar la pérdida del poder; segundo, porque en esta ocasión el voto de los ciudadanos incorporaba también un reproche moral a quienes se habían comportado de forma desleal con la verdad y con los propios ciudadanos, y también una exigencia de rectificación que ni se produjo entonces ni se ha producido después; y tercero, porque sólo estaban preparados para ganar. A Rajoy le habían prometido un camino fácil hasta la Moncloa y se encontró ante el difícil camino de la oposición. No fue capaz de ganar y no supo perder.
La frustración política y personal de los dirigentes del PP tras una derrota que no esperaban ha marcado por completo su actuación durante la Legislatura. Lejos de reflexionar sobre las causas de la derrota, admitir sus errores y plantear una estrategia positiva para recuperar la confianza de los ciudadanos desde una oposición sensata, han convertido la revancha en una obsesión que les ha condicionado. Los dirigentes del PP han pasado estos cuatro años mirando hacia atrás con ira, y con esa misma actitud afrontan esta campaña electoral.

2. La Legislatura 2004-2008
En estos cuatro años se ha cubierto la primera etapa del cambio que los ciudadanos impulsaron con su voto hace cuatro años. Ha sido una Legislatura intensa, que puede resumirse en cinco rasgos:
a) El progreso económico, el empleo y la paz social.
Ésta ha sido la Legislatura del progreso económico, del empleo y de la paz social.
Entre 1993 y 1995, bajo la dirección de Pedro Solbes, la economía española superó su última crisis y entró en un período prolongado de crecimiento sostenido.
A partir de 2004, nuevamente con Solbes al frente de la economía, la tendencia positiva se ha intensificado. Durante cuatro años, la economía española ha avanzado más y a más velocidad que las de todos los demás países desarrollados. Eso nos ha permitido reducir drásticamente las diferencias que nos separaban de las economías más avanzadas de Europa. España es ya la octava potencia económica del mundo, con una renta per cápita que acaba de superar a la de Italia y se aproxima a la de Francia.
El crecimiento de la riqueza económica de España ha ido acompañado de otros factores que dan solidez y seguridad al progreso de España:
a) La inversión en investigación, desarrollo tecnológico e investigación, que nos está permitiendo eludir el peligro –muy real en 2004- de quedarnos definitivamente descolgados del grupo de cabeza en ese terreno decisivo para el futuro.
b) El gran esfuerzo realizado en el desarrollo de las infraestructuras.
c) El ahorro derivado de una prudente gestión de las cuentas públicas que ha hecho posible finalizar los cuatro años con superávit.
En estos cuatro años, España ha aumentado su riqueza. Ha repartido esa riqueza de modo más justo. Y ha ahorrado.
El resultado de todo ello es que España ha dado un salto cualitativo en su estructura económica. Antes éramos una economía débil, que acusaba enormemente los cambios de tendencia en la coyuntura. Hoy España tiene una economía fuerte, con bases sólidas, que le permite pasar por coyunturas favorables y desfavorables sin que ello impida mantener un buen ritmo de crecimiento y, sobre todo, sin que el bienestar de los ciudadanos se vea deteriorado.
Por ello son tan inadecuados e irresponsables los presagios atemorizadores que difunde el PP: porque siguen interesados en la visión de la economía española como una economía débil y enferma, incapaz de resistir la menor dificultad. En esto como en todo, el PP sigue mirando a España con los ojos del pasado.
Pero la gran transformación de estos cuatro años, la más trascendental y la que más contribuye a asegurar el futuro, ha sido EL EMPLEO.
La sociedad española ha vivido durante décadas marcada y condicionada –objetiva y subjetivamente- por el problema crónico del paro. El paro se había convertido en un rasgo estructural de la economía española. La lucha contra el paro condicionaba las políticas económicas y sociales, impidiendo plantear objetivos más ambiciosos. Y el paro condicionaba también la vida de las familias, ya que en casi todas había personas sin trabajo a las que tenía que sostener el resto de la familia.
A ello se añadió un rapidísimo proceso de precarización del empleo, con la generalización de prácticas de contratación temporal que situaban a los trabajadores –especialmente a los jóvenes- en condiciones de extrema inseguridad. Un modelo laboral claramente amparado e impulsado por el Gobierno del PP durante ocho años.
Paro y empleo precario. Esa fue la herencia del PP en el terreno laboral.
En los cuatro años de gobierno socialista, esa situación ha cambiado radicalmente.
Tres millones de nuevos puestos de trabajo en cuatro años. Que sumados a los dos millones que se pueden crear de aquí a 2012, supondrán cinco millones de puestos de trabajo en ocho años. Hoy, en el 90% de las familias españolas todos sus miembros en edad de trabajar tienen un empleo.
Una auténtica revolución que transforma la realidad de España: De ser un país abrumado por el problema del paro, hemos pasado a ser un país en el que el Pleno Empleo no es una utopía, sino un objetivo realista para los próximos años. La sociedad española ha derrotado al paro y se dispone a conquistar el pleno empleo.
Y además, hemos conseguido cambiar la precariedad por la estabilidad laboral. El Gobierno socialista firmó un acuerdo trascendental con los sindicatos y los empresarios: y desde entonces, más de un millón y medio de trabajadores han visto transformados sus puestos de trabajo precarios en empleos estables; y los contratos indefinidos han aumentado un 40%.
El empleo es la base más sólida del bienestar social y del bienestar de las familias. El empleo es el mejor seguro para el futuro. Y el empleo es el gran éxito de la sociedad española. Hemos creado empleo y vamos a seguir creando empleo. Por eso podemos mirar el futuro con confianza y sin miedo.
Además, el progreso económico y la creación de empleo se han producido dentro de un clima inédito de Paz Social. Hemos vivido la Legislatura con menos huelgas de toda la democracia. Ello ha sido posible gracias al diálogo social. Un clima de diálogo y de colaboración permanente entre Gobierno, empresarios y sindicatos que ha permitido firmar más de veinte acuerdos sociales y garantizar a la vez los buenos resultados de las empresas, los derechos de los trabajadores y la disminución de los conflictos.

b) Los avances sociales.
En esta legislatura España ha recuperado una política social que había entrado en retroceso durante los ochos años de gobierno del PP.
El Gobierno de Zapatero ha demostrado que la política económica y la política social son complementarias y se necesitan mutuamente: no hay progreso económico sostenible sin equilibrio social y no es posible una política social sin una buena base económica.
El Gobierno de Zapatero ha decidido dedicar los frutos del progreso económico a mejorar las condiciones de vida de la mayoría, reducir las desigualdades, ampliar los derechos sociales y ayudar a los más débiles. Y ha decidido también que la política social sea un factor más de dinamismo e impulso de la economía.
Con Zapatero, el gasto social ha supuesto más de la mitad de todo el gasto del Estado.
Con Zapatero, las pensiones han subido todos los años claramente por encima del coste de la vida, y la Seguridad Social ha acumulado fondos que garantizan las pensiones del futuro.
Con Zapatero, el salario mínimo ha subido en cuatro años el doble que en los ocho anteriores.
Con Zapatero, hay 250.000 becas más.
Con Zapatero, las familias han recibido ayudas importantes y efectivas: para cuidar a los mayores o a los discapacitados, para tener hijos, para que los jóvenes puedan alquilar una vivienda, para garantizar la asistencia sanitaria para todos.
Con Zapatero, se han aprobado leyes que mejoran la vida de millones de personas y ponen a España en la vanguardia de los derechos sociales, como la Ley de Dependencia y la Ley de Igualdad.
España es hoy un país económicamente fuerte y socialmente avanzado. Con sus presagios catastrofistas, lo que intenta el PP es justificar una nueva política de recortes sociales y de decretazos como la que practicaron cuando estuvieron en el Gobierno. Han anunciado un ajuste brutal –para los trabajadores- y han buscado al ejecutor de ese ajuste brutal: Pizarro, un empresario acostumbrado a mezclar política y negocios a quien nadie puede imaginar impulsando una política social.
La radicalización política del PP, visible en la marginación de Gallardón y de todos los dirigentes moderados, se complementa con la radicalización económica y antisocial visible en el fichaje de Pizarro, el empresario favorito de Aznar.
Zapatero y Solbes representan confianza en el futuro, crecimiento económico y política social. Rajoy y Pizarro anuncian pesimismo, ajustes brutales y recortes sociales.

c) Las reformas democráticas y los derechos ciudadanos.
El Gobierno de Zapatero ha impulsado reformas políticas que mejoran la convivencia y la calidad de nuestra democracia:
1. Se ha actualizado el funcionamiento del Estado de las Autonomías con la reforma de los Estatutos de aquellas Comunidades que han querido dar ese paso.
El Partido Socialista ha participado en todos los consensos que han permitido sacar adelante los nuevos Estatutos, tanto en los Parlamentos autonómicos como en el Parlamento español.
Mientras tanto, el PP ha convertido este tema en un pretexto para augurar nuevas catástrofes –España se rompe-, para atizar los rencores, los agravios y la división entre unas y otras Comunidades y para recuperar la nostalgia del centralismo. Ha apoyado unos Estatutos y ha rechazado otros con idéntico contenido por puro oportunismo; y diciendo defender unidad de España, en realidad se ha convertido en el principal factor de desunión entre los territorios y entre los ciudadanos españoles.
2.- La radio y la televisión públicas han sido devueltas a la democracia. Se ha puesto fin al bochornoso espectáculo de unos medios públicos de comunicación utilizados como instrumentos de intoxicación de la opinión pública; una situación impropia de las democracias europeas que se ha acabado para siempre con el nuevo marco legal de RTVE.
3. La igualdad entre hombres y mujeres ha sido una de las señas de identidad del Gobierno de Zapatero y un rasgo definidor de la Legislatura. Desde la formación del primer gobierno paritario hasta la histórica Ley de Igualdad, pasando por el hecho de que más de la mitad de los tres millones de puestos de trabajo que se han creado han sido ocupados por mujeres, la causa de la igualdad ha tenido en estos años un impulso decisivo, aunque aún no definitivo.
4. Lo mismo ha ocurrido en el terreno de los derechos civiles, aquellos que permiten a cada persona ser dueña de su propia vida y gobernarla de acuerdo a sus ideas y a sus propios criterios éticos y morales sin que nadie pueda imponer a nadie creencias, doctrinas o modelos de vida. La libertad de los individuos es más amplia y más real con las leyes que ha impulsado el Gobierno de Zapatero. Para nosotros no hay, como para Rajoy, españoles decentes e indecentes: sólo ciudadanos libres dueños de sus vidas y de sus derechos.
d) Los cambios en la realidad social y la aparición de nuevos problemas Durante esta Legislatura, España ha entrado de lleno en el siglo XXI. El progreso y la modernización de nuestro país producen cambios profundos en la realidad social: la sociedad española de 2008 es sustancialmente distinta en muchos aspectos a la de hace sólo diez años. La aceleración de los cambios es el signo que distingue a este momento de tránsito entre dos eras.
Una nueva sociedad que tiene ante sí nuevas oportunidades de desarrollo y que afronta también nuevos problemas y desafíos: las oportunidades y los desafíos que se derivan del cambio climático, de la revolución tecnológica y la sociedad de la información, de la investigación biomédica, de la globalización de la economía, de la inmigración masiva, de las nuevas corrientes demográficas, de nueva dimensión de la seguridad, ,de la transformación de las ciudades, del nuevo orden internacional y la emergencia de nuevas potencias, etc.
Lo primero que se necesita son gobernantes sensibles ante estos problemas, que los conozcan y los reconozcan y estén dispuestos a salir a su encuentro sin temor.
Esta legislatura ha demostrado que Gobierno y oposición, Zapatero y Rajoy, tienen dos ópticas totalmente distintas: uno volcado hacia los nuevos problemas de la sociedad y dispuesto a afrontarlos desde la confianza y el optimismo. El otro, empeñado en reproducir los viejos debates de la vieja España, de espaldas a fenómenos como el cambio climático y transmitiendo un mensaje pesimista y temeroso ante el futuro. Un gobernante actual frente a un político obsoleto.

e) La obstrucción política desde la oposición. La radicalización del PP.
El rasgo más negativo de la Legislatura ha sido el comportamiento del PP en la oposición.
En España, los períodos de crispación política siempre coinciden con el Partido Popular en la oposición. En esta Legislatura, el PP no ha hecho una oposición dura, sino una oposición iracunda y deliberadamente crispadora.
- Nunca han pretendido señalar y corregir los posibles errores del Gobierno: su única intención ha sido obstaculizar, impedir la labor de gobierno. Ha sido una oposición obstruccionista.
- Desde el primer día han cerrado los cauces de diálogo sobre cualquier problema y han negado su colaboración en las cuestiones de Estado.
- Han hecho todo lo posible por crear un clima de emergencia y de tensión en la ciudadanía.
- Han pregonado toda clase de desastres y catástrofes, ninguna de las cuales se ha cumplido. Ahora pregonan una catástrofe económica para atemorizar a los ciudadanos, que tampoco se cumplirá.
- Han convertido en campo de batalla precisamente aquellos ámbitos de la vida pública que deberían ser respetados como espacios de consenso y de unidad: la lucha contra el terrorismo, la organización territorial del Estado, el respeto a los poderes y a las instituciones de la democracia.
- Han cuestionado la labor de las fuerzas de seguridad, de los jueces y fiscales, de los servicios de información.
- Han enviado al expresidente del Gobierno a atacar y denigrar al Gobierno de su país en el extranjero.
- Han bloqueado el funcionamiento de órganos esenciales de la democracia En cuatro años ha sido imposible escuchar una idea o una propuesta del señor Rajoy sobre los problemas de los ciudadanos y de las familias, de los trabajadores y de las empresas, de los hombres y de las mujeres, de los jóvenes y de los mayores.
Tras su fracaso en 2004, Rajoy ha provocado una auténtica involución política del Partido Popular hacia posiciones cada vez más radicalizadas y cada vez más próximas a la extrema derecha. Ha hecho y dicho cosas que no podrían ser suscritas por ningún gobernante conservador europeo. Ha abandonado por completo el espacio de la moderación, el llamado espacio del centro.
La culminación de este proceso ha sido la purga de dirigentes moderados, todo los cuales han desaparecido de las candidaturas del PP para estas elecciones. Un anticipo de lo que podría ser un gobierno dirigido por Rajoy, Acebes y Zaplana.
La radicalización del PP es un problema político para España. La sociedad española necesita un partido conservador, moderno y moderado. Eso es imposible con los actuales dirigentes del PP.

3. La situación política en el inicio del período electoral.
En las elecciones municipales y autonómicas de 2007, el Partido Socialista aumentó sustancialmente su espacio de poder territorial. Logramos más alcaldías y más gobiernos autonómicos y avanzamos muy especialmente en las alcaldías de las grandes ciudades y capitales de provincia. Hoy la mayoría de la población española tiene alcaldes o Presidentes autonómicos del Partido Socialista.
El Partido Popular intentó presentar el resultado global de las elecciones municipales, que le dio una pequeña ventaja en número de votos, como una convalidación por parte del electorado de su descabellada política de obstrucción al Gobierno de España. Esa interpretación les indujo a exagerar aún más los elementos de confrontación y de crispación en su discurso político, alcanzando el punto culminante en la apocalíptica intervención de Rajoy en el debate del estado de la Nación de julio de 2007.
El resultado político de ese debate no sólo puso de manifiesto lo erróneo del análisis de los dirigentes del PP, sino que evidenció también que el discurso basado en la exacerbación de las tensiones territoriales y en la utilización política del terrorismo contra el Gobierno estaba agotado y no daba más de sí.
Una estrategia destinada a durar hasta el día de las elecciones se mostraba agotada y sin fuelle con diez meses de antelación.
El PP ha intentado desde ese momento articular un discurso político ex novo, lo que resulta especialmente complicado teniendo en cuenta que durante toda la Legislatura han mantenido un clamoroso silencio sobre todos los problemas reales de la sociedad española. La economía, las políticas sociales, la vivienda, la sanidad, la educación, el medio ambiente, etc. han estado totalmente ausentes del discurso político de Rajoy durante cuatro años. Ninguno de esos problemas de los ciudadanos ha merecido su atención, ocupada únicamente en quebrar la legitimidad del Gobierno a través de la confrontación en las cuestiones de Estado.
Por esa razón, los datos que muestran un aumento de los precios y de las hipotecas durante los últimos meses de 2007 y los primeros de 2008 han sido recibidos con alborozo por los dirigentes del PP, que inmediatamente se han lanzado a proclamar a los cuatro vientos una inminente recesión económica tratando de crear un clima de temor en los ciudadanos y en los inversores y empujando todo lo posible para ayudar a que realmente se produzca la crisis que pregonan.
Es una más de las múltiples catástrofes que el PP ha anunciado y deseado durante la Legislatura. Lo cierto es que la economía española no va a entrar en crisis. De la misma forma y por la misma razón por la que España no se ha roto, la familia no se ha disuelto, los terroristas no han derrotado ni derrotarán nunca al Estado democrático, los servicios públicos no se han detenido y las empresas no se han arruinado: porque España es un país fuerte con una sociedad sana, no el país débil ni la sociedad enferma que presentan los dirigentes de la derecha para recuperar el poder por la vía de atemorizar a los ciudadanos.
Los dirigentes del PP son los únicos españoles que creen que cualquier tiempo pasado fue mejor. El resto de la sociedad española sabe muy bien que España es el país europeo que más ha avanzado, que en el inicio del siglo XXI este país ha alcanzado niveles de bienestar y de libertad de los que nunca antes había disfrutado; y que eso nos hace fuertes y nos permite contemplar el futuro -incluidas las dificultades- con confianza y seguridad en nosotros mismos.
Por eso mismo, es necesario rechazar los discursos pesimistas que sólo pretenden que los españoles acepten pasivamente un retroceso en sus derechos y en su progreso.
En las semanas previas a las elecciones, el PP pretende mantener un equilibrio imposible: combinar el diagnóstico negro de la realidad de España y los augurios catastrofistas con supuestas propuestas que, en todo caso, serían incompatibles con un país sumido en la crisis como el que ellos presentan.
La contradicción es insalvable. Nosotros sí podemos plantear un proyecto ambicioso de futuro porque creemos que España está fuerte y cohesionada, que su progreso es sólido y que la sociedad española ha conseguido tener éxito en los últimos años. Pero Rajoy pretende convencer a los españoles de que viven peor que nunca, que lo que el mundo entero ve como un éxito es en realidad un fracaso, que los tres millones de empleos y el crecimiento económico sostenido son en realidad los síntomas de una crisis. Y precisamente por eso está invalidado para representar con credibilidad un proyecto positivo para los próximos años. Los cenizos nunca han hecho avanzar a un país.

4. La situación electoral En las elecciones generales de 2004 participaron 26 millones de ciudadanos sobre un censo electoral de 34,5 millones. La participación alcanzó el 76%.
El PSOE obtuvo 11 millones de votos (42,6%) y 164 escaños. El PP obtuvo 9,7 millones de votos (37,7%) y 148 escaños.
En conjunto, puede calcularse que la izquierda sumó aproximadamente un 50% de los votos; la derecha sumó alrededor de un 40%; y los distintos partidos nacionalistas y/o regionalistas sumaron en torno a un 10%.
Las encuestas que se han ido realizando a lo largo de la Legislatura han mostrado una situación de estabilidad básica del mapa electoral resultante de las elecciones de 2004, tanto en lo que se refiere al peso relativo de los tres grandes bloques ideológicos (izquierda, derecha y nacionalistas) como a la intención de voto para cada uno de los principales partidos. Esa situación se mantiene también en las encuestas realizadas durante el período preelectoral.
Sin embargo, la experiencia demuestra que durante las últimas semanas inmediatamente anteriores a las elecciones (es decir, en el período que transcurre desde la convocatoria de las elecciones hasta su celebración) la situación puede cambiar de forma sustancial.
En 2004, las primeras encuestas realizadas tras la convocatoria situaban al PP en primera posición. La tendencia se fue invirtiendo a lo largo de la campaña y una semana antes de las elecciones el PSOE había ya alcanzado al PP y mostraba una línea claramente ascendente. El resultado final intensificó la tendencia de la última fase de la campaña.
Los cambios durante la campaña no se producen fundamentalmente por la transferencia de votos entre los partidos, sino por la decisión que tomen aquellos ciudadanos que no siempre participan en las elecciones; es decir, aquellos que oscilan entre votar o abstenerse. Podemos calcular que hasta siete millones de ciudadanos están en esa situación. El comportamiento de estos electores es el más difícil de prever por las encuestas preelectorales, y de ahí que frecuentemente se produzcan resultados distintos de los esperados.
El Partido Socialista tiene un espacio electoral potencial muy amplio: el 50% de los españoles se declara próximo al PSOE. En las elecciones de 2004 obtuvo el 32% de votos sobre el total del censo. Como contrapartida, su espacio electoral muestra mayor tendencia a la dispersión del voto y a la abstención.
El PP tiene un espacio electoral más reducido y una amplia zona de rechazo social: sólo el 30% de los españoles se declara próximo al PP (obtuvo el 28% de votos sobre el censo) mientras un 60% se declara distante. Pero en ese espacio electoral hay mayor concentración del voto y más tendencia a la participación.
Desde el punto de vista de las valoraciones:
- El 42% de los ciudadanos considera que la actuación del Gobierno ha sido buena. El 23% considera que no ha sido ni buena ni mala. Y el 32% la considera mala.
- El 28% considera que la actuación del PP en estos cuatro años ha sido buena. Para el 18%, no ha sido ni buena ni mala. Y el 50% considera que ha sido mala.
- El 42% de los ciudadanos prefiere para los próximos años un gobierno del PSOE, frente al 27% que prefieren un gobierno del PP.
- El 56% aprueba la actuación de José Luis Rodríguez Zapatero como Presidente del Gobierno, frente al 37% que la desaprueba.
- El 35% aprueba la actuación de Mariano Rajoy como líder de la oposición, frente al 57% que la desaprueba.
- El 52% prefiere a Zapatero como Presidente del Gobierno, frente al 28% que prefiere a Rajoy.
Desde el punto de vista ideológico, la mayoría de los ciudadanos se sitúa entre el centro y el centro-izquierda. El PSOE es visto como un partido situado en la izquierda moderada y el PP como un partido fuertemente escorado a la derecha.
El análisis de los datos indica que el PP está muy cerca de su límite o techo electoral, mientras el PSOE, partiendo de la situación actual, tiene aún un amplio margen para mejorar, si bien podría verse más afectado por la dispersión o por la desmovilización del voto.
Como veremos a continuación, esta situación tiene un efecto directo sobre el planteamiento estratégico de la campaña.

II. EL PLANTEAMIENTO GENERAL DE LA CAMPAÑA ELECTORAL
El desarrollo de la campaña electoral será una prolongación del tono y de las estrategias que se han manifestado durante la Legislatura.
El PP basa todas sus esperanzas de victoria en dos circunstancias negativas:
a) Que muchos ciudadanos no acudan a votar, que haya una alta abstención;
b) Que se confirmen sus augurios de crisis económica. O al menos, que se extienda entre la población el miedo a la crisis, aunque no responda a la situación real.
Por eso toda su estrategia de campaña estará orientada a logra estos dos efectos: Por un lado, favorecer la abstención. Por otro, sembrar el miedo económico y favorecer todo aquello que pueda propiciar un empeoramiento de la situación.
Por lo demás, mantendrán buena parte del discurso crispado y crispador y el tono negativo que han tenido durante la Legislatura, si bien tratarán de ocultar a algunos de los dirigentes más poderosos y más ligados al extremismo (Acebes, Zaplana) para que recuperen el protagonismo tras las elecciones.
Utilizarán el terrorismo como instrumento electoral, como han hecho durante toda la Legislatura. Y con un discurso pretendidamente patriótico, estimularán todos los sentimientos de encono y malestar entre los distintos territorios.
Huirán muy especialmente de todos los temas relativos a políticas sociales y a derechos de los ciudadanos.
El Partido Socialista tiene que hacer una campaña basada en dos pilares: la gestión realizada por el Gobierno durante esta legislatura y el proyecto para los próximos cuatro años.
Los ciudadanos no votan por agradecimiento, sino por expectativas. No se vota al pasado, sino al futuro. Y precisamente por eso, no nos darán su voto por lo que hemos hecho sino por lo que esperan que hagamos a partir de ahora.
Pero lo que hemos hecho es la base que da solidez y credibilidad a nuestro proyecto para el futuro. Podemos garantizar que seguiremos impulsando el crecimiento económico y el bienestar porque en estos años hemos crecido más que ninguna otra economía europea. Podemos anunciar que queremos y podemos llegar al pleno empleo porque se han creado tres millones de puestos de trabajo. Podemos comprometer nuevas políticas sociales, más aumentos del salario mínimo y de las pensiones, más esfuerzo en educación y en investigación, porque es lo que hemos hecho durante los cuatro años de la legislatura. Podemos garantizar nuestro compromiso con los derechos individuales y con la causa de la igualdad porque ha sido una seña de identidad de nuestro Gobierno.
Por otra parte, gestión realizada y proyecto de futuro forman un todo coherente. El cambio que se inició en 2004 ha cubierto su primera etapa. Ahora hay que completar el proyecto con nuevos objetivos, aún más ambiciosos. Ahora no es el momento de interrumpir un proyecto en marcha y mucho menos de retroceder hacia el pasado.
Nosotros no vamos a meter miedo a nadie. No vamos a amenazar a los ciudadanos con desgracias y catástrofes que sabemos que no se van a producir.
Nosotros vamos a dirigirnos a los ciudadanos con serenidad y tratándoles como adultos, sin agitar fantasmas imaginarios y sin engaños. Vamos a explicar lo que hemos hecho y lo que queremos hacer. Vamos a pedirles que no se dejen entristecer por los agoreros, que exijan su derecho a celebrar el progreso de España. Y vamos a darles lo que se pide en unas elecciones: motivos para creer y motivos para votar. Ese será el tono y el contenido de nuestra campaña.

III. LOS OBJETIVOS ELECTORALES DEL PSOE
El objetivo del PSOE es ganar las elecciones: es decir, obtener un resultado que permita a José Luis Rodríguez Zapatero formar gobierno y desarrollar la segunda etapa del cambio que se inició en 2004.
La condición mínima para que eso sea posible la ha señalado el propio Zapatero: es necesario que el Partido Socialista sea el partido más votado por los españoles el 9 de marzo.
A partir de ahí, vamos a pedir a los españoles una mayoría lo más amplia posible para gobernar con más fuerza.
Y ello por dos razones fundamentales:
a) Porque los objetivos de progreso que queremos alcanzar en los próximos años son muy ambiciosos y exigen fortaleza política y un gran apoyo social;
b) Porque estamos dispuestos a cambiar el clima y el tono de la vida política, a poner fin a la crispación y a impedir nuevas estrategias de obstrucción como las que hemos visto durante esta legislatura. Y queremos que los ciudadanos nos ayuden a conseguirlo.

Para conseguir nuestro objetivo electoral, hay dos elementos claves:
a) Que los ciudadanos acudan a votar. Que la participación sea muy alta.
En España hay aproximadamente siete millones de ciudadanas y ciudadanos que no votan en todas las elecciones; a veces votan y a veces se abstienen. Y cuando deciden participar, votan mayoritariamente al Partido Socialista.
Nosotros lo sabemos y el PP también lo sabe. Por eso la clave de nuestra estrategia electoral es la movilización y la clave de la estrategia electoral del PP es la desmovilización. Nosotros estimulamos la participación y ellos fomentan la abstención. Esa es la cuestión central de estas elecciones: de su resultado depende en gran medida el resultado de las elecciones y el futuro de España.
El primer objetivo de la campaña electoral del PSOE, su eje principal, es la movilización. Por eso es tan importante la proximidad a los ciudadanos, la presencia permanente de nuestros candidatos y de los miembros del partido en todos los ámbitos y sectores de la sociedad, el trabajo a pie de calle. La movilización se produce sobre todo en los entornos inmediatos, en el ámbito de la vida cotidiana. Una campaña movilizadora es una campaña de la máxima intensidad y de la máxima proximidad a los ciudadanos.
b) Conseguir el apoyo de todos los ciudadanos que desean que España siga progresando y no retroceda hacia el pasado. Que quieren un Gobierno actual, sensible a los problemas de la sociedad en el siglo XXI. Que quieren gobernantes comprometidos con la igualdad, con los derechos sociales y con la convivencia. Que no les gusta que les metan miedo, la crispación ni el pesimismo interesado. Que no admiten que nadie les diga cómo tienen que vivir ni pretenda enfrentarles a otros españoles por el territorio en el que vivan o la lengua en la que se expresen.
Los españoles que pensamos y sentimos de esta manera somos más, somos muchos más. Por eso tenemos que ser también más en las urnas.
Vamos a pedir muy especialmente que acudan a votar a los casi dos millones de jóvenes que pueden hacerlo por primera vez. Que voten a quien deseen, pero que participen, que no se queden sin votar. Porque con el primer voto no sólo se elige a un gobierno: se establece un compromiso vital con la democracia. Y porque hay algunos que están muy interesados en que ellos, precisamente los más jóvenes, no acudan a votar el 9 de marzo. El PP no quiere el voto de los jóvenes, que siempre es exigente: le basta con su abstención.

IV. LA CAMPAÑA DEL PSOE
1. ¿Qué se decide el 9 de marzo?
Lo primero que tenemos que explicar en nuestra campaña es el contenido de la decisión que los españoles tenemos que tomar el 9 de marzo. Y lo que se decide está muy claro: O gobierna Zapatero, o vuelven a gobernar Rajoy, Acebes y Zaplana. Ese es el contenido central de la decisión de voto, en esa cuestión hay que centrar la atención.
Cualquier otro aspecto es secundario ante la decisión principal: O Zapatero o Rajoy.
Para saber lo que implica esta decisión, es necesario explicar lo que cada uno de ellos representa:
- Zapatero sigue representando el cambio. Pese a llevar ya cuatro años en el Gobierno, el PSOE/Zapatero sigue siendo el referente del cambio y de todas las ideas asociadas a este concepto: innovación, reforma, modernización, creatividad. Quien crea en la virtualidad del cambio, tiene muchos motivos para seguir apoyando a Zapatero. Votar por el Gobierno de Zapatero sigue siendo votar por el cambio.
-Zapatero representa ante todo la positividad. Una visión positiva de España y de los españoles. Un estilo político positivo, basado en el respeto y en el diálogo. Una actitud positiva y optimista ante el futuro. Una voluntad positiva de hacer frente a los problemas y de aprovechar todas las oportunidades.
Zapatero representa también la contemporaneidad. Un gobernante de hoy, sensible a los problemas de la segunda mitad del siglo XXI, no atado por los vicios y los complejos del pasado. Un político moderno y actual, que cree a fondo en la democracia y la practica.
Zapatero representa el compromiso con los valores progresistas. Compromiso con la igualdad. Compromiso con la libertad de las personas. Compromiso con la justicia social. Compromiso con la convivencia. Compromiso con la defensa de la paz y de la cooperación entre las naciones. Compromiso con el desarrollo sostenible y con la defensa del medio ambiente.
Zapatero representa la fuerza y la voluntad para conseguir los objetivos más ambiciosos para España. Hasta ahora, hemos competido para conseguir estar entre los mejores. A partir de ahora, tenemos que competir directamente con los mejores, lo que es aún más difícil. Y para ello necesitamos un liderazgo positivo que crea en nuestro futuro, no un liderazgo escéptico que añore el pasado.
Rajoy y lo que le rodea representa esencialmente la negatividad y la marcha atrás. Eso es lo que ha representado y lo que ha defendido durante sus cuatro años en la oposición.
Eso es en lo que cree, y eso es lo que supondría su regreso al gobierno.
Un político antiguo, con ideas y formas del siglo pasado. Con una total falta de información y de sensibilidad por los problemas más actuales, como el cambio climático.
Un político distante, que jamás habla de los problemas reales de los ciudadanos.
Un dirigente hipotecado por quien le nombró, que ha conducido a su partido a un auténtico bunker de extrema derecha, que ha expulsado a todos los moderados, que se ha pasado la legislatura manifestándose del brazo de los obispos en contra de los derechos civiles.
Sabemos lo que hace y lo que hará Zapatero:
a) Sabemos que es capaz de gestionar la economía con eficacia con crecimiento, con distribución de la riqueza y con ahorro.
b) Sabemos que destina los frutos del progreso económico a las políticas sociales y a dar oportunidades a todos para mejorar sus vidas.
c) Sabemos que extiende los derechos civiles, que milita en la causa de la igualdad entre hombres y mujeres.
d) Sabemos que apuesta a fondo por la educación, por la investigación y por el desarrollo sostenible.
e) Sabemos que gobierna desde los valores y los principios. Que no miente a los ciudadanos. Que reconoce sus errores.
Rajoy no ha propuesto nada constructivo en cuatro años, pero sabemos lo que hizo cuando estuvo en el Gobierno y sabemos lo que harían si regresaran al poder:
- Sabemos que siguen sin reconocer que la guerra de Irak ha sido un error desastroso, así que volverán a apoyar la política de las guerras preventivas.
- Sabemos que se han opuesto y se oponen a que cada cual se case con quien quiera, sea o no de su propio sexo; así que privarán a los ciudadanos de ese derecho.
- Sabemos que están en contra de la educación para la ciudadanía, así que la suprimirán.
- Sabemos que no han querido votar la Ley de igualdad entre hombres y mujeres, así que volveremos a la desigualdad.
- Sabemos que se oponen a los avances en investigación con células madre para curar enfermedades, así que quienes padecen esas enfermedades tendrán que resignarse a ellas.
- Y hemos sabido que su receta económica es un ajuste brutal, que es la palabra que ellos mismos han usado. Si hemos de juzgar por los decretazos que hicieron en su día, ya sabemos para quién será brutal la política económica de Rajoy y Pizarro: para los trabajadores.

2. Modelo de campaña: la mirada positiva
El tono, el estilo y el contenido de la campaña que va a realizar el Partido Socialista está perfectamente resumido en el lema que estamos usando durante la precampaña: LA MIRADA POSITIVA.
Queremos trasladar a los españoles una mirada positiva sobre la realidad de España y sobre su futuro. Lo que no significa que no existan problemas: significa que hay problemas y también hay grandes oportunidades de progreso, y queremos salir al encuentro de todos ellos: de los problemas, parta resolverlos; y de las oportunidades, para aprovecharlas. Y lo haremos con confianza en España, porque España se ha ganado el derecho a que confíen en ella.
Esta actitud positiva se reflejará en todos los elementos de nuestra campaña. En el contenido de los mensajes y las propuestas, pero también en el tono y en la imagen con la que nos vamos a presentar ante los ciudadanos. Queremos, además, que sea una campaña próxima e innovadora, capaz de despertar interés y de movilizar. Una campaña en la que queremos transmitir a los ciudadanos la idea de que hay muchos motivos para ir a votar el día 9 de marzo, y muchos motivos para creer en José Luis Rodríguez Zapatero y confiar en él.
Nuestra campaña debe responder a estas características:
- Polarizadora: es una campaña del PSOE frente al PP. Es una campaña que enfrenta políticas, que confronta alternativas. Es una campaña que busca el cara a cara, que no rehuye el debate.
- Identitaria: una campaña para que todos los votantes que se sienten o se han sentido progresistas se vean identificados con el PSOE. Para que todos nuestros posibles votantes se vean representados por nosotros y por nuestra alternativa.
Una campaña que apela a la identidad progresista de los votantes que desean una alternativa al gobierno actual, una alternativa a la derecha.
- Movilizadora: una campaña para movilizar, en primer lugar, al propio PSOE, a sus militantes, simpatizantes y a sus votantes tradicionales. Un campaña que cree entusiasmo, que genere expectativas para implicar a todos los sectores sociales que se sienten identificados con un proyecto progresista. Una campaña que invite a participar, con diferentes niveles de responsabilidad y en acciones diversas, a todos los ciudadanos.
- Energética: El andar se demuestra andando y la energía se muestra siendo enérgicos en todas las actuaciones de nuestra campaña. La energía la debe demostrar nuestro candidato, a través de su agenda, de su actividad, de sus mensajes. La energía la debe demostrar el Partido, sus candidatos, sus militantes, sus actuaciones durante la precampaña y la campaña. Una campaña que contagie entusiasmo.
- Emocional: somos el Partido de los valores, los principios y los derechos, y eso tenemos que trasladarlo en nuestra campaña. Debemos apelar a las emociones, a los sentimientos de todos aquellos que piensan que la política sirve para defender esos valores, principios y derechos. Debemos apelar en nuestra campaña al voto emocional, al voto de aquellos que se sienten identificados con un proyecto progresista. Una campaña emotiva, que conecte con la racionalidad del votante, pero también con sus sentimientos
- Ganadora: una campaña que demuestre ambición de triunfo. Los límites más perjudiciales son los que uno mismo se impone, y nosotros no debemos poner límites a nuestra ambición. Una campaña para ir a ganar, a demostrar que pedimos el voto para seguir gobernando en beneficio de la mayoría.
- Directa: una campaña sin ambigüedades, vertebrada, marcando los perfiles, mostrando definición en los mensajes. Una campaña que llegue a todos los sectores de la sociedad con propuestas y alternativas respecto a los temas que les preocupan, con mensajes específicos para cada sector social. Una campaña comprensible, que la ciudadanía entienda, que sea clara y concreta.

3. Los ejes de nuestro proyecto
Explicaremos a los ciudadanos que nuestro proyecto para España en los próximos cuatro años está basado en tres grandes objetivos, que darán sentido a todas las políticas del Gobierno:
A) Lograr la España del pleno empleo para consolidar una verdadera sociedad del bienestar
Durante los últimos treinta años, el paro ha sido la primera preocupación de los españoles. Una preocupación de los gobiernos y de las familias. El paro ha pesado sobre los proyectos individuales, y ha lastrado los proyectos colectivos.
Una sociedad sometida al paro es una sociedad con un horizonte limitado. El temor al paro, que ha pesado como una losa sobre las últimas generaciones de españoles, ha aplazado la creación de la propia familia, disminuido el número de hijos, reprimido iniciativas vitales y empresariales.
El paro persistente, estructural, ha detraído muchos recursos públicos y ha impedido que éstos se dedicasen a ampliar las políticas de bienestar social en nuestro país.
Seguir pensando con los viejos parámetros de la sociedad del paro limita nuestras posibilidades. No se piensa igual cuando el horizonte personal es el paro que cuando es el empleo. No se hacen los mismos proyectos, no se asumen los mismos riesgos.
La perspectiva de una sociedad de pleno empleo nos obliga a redefinir nuestra cultura económica, social y política.
Con la creación, durante la legislatura que ahora concluye, de tres millones de puestos de trabajo, con el paro situado en el entorno del 8%, que es ya toda una conquista histórica para las generaciones vivas de españoles, estamos en condiciones de alcanzar la España del pleno empleo.
De luchar contra el paro, el objetivo de todos los gobiernos desde la Transición, pasamos, pues, a luchar por el pleno empleo, por alcanzar una situación que permita en España, a cualquier persona con capacidad para trabajar, acceder a un puesto de trabajo en un tiempo razonable y con perspectiva de estabilidad.
Ésta es la nueva frontera que está ya a nuestro alcance, que nos abre a una sociedad nueva, a una sociedad capaz de conquistar no sólo el bienestar que en sí mismo representa el empleo sino todas las posibilidades de acción social que confiere una economía plenamente productiva gestionada con rigor y eficacia.
El pleno empleo significa mayor riqueza individual y colectiva. Significa que sectores que han estado excluidos de la principal fuente de participación en la vida social, el trabajo, se integren de manera plena en la sociedad. Para muchas mujeres, salir de su casa, realizar un trabajo remunerado, cambia algo más que su condición económica, que su capacidad adquisitiva. Les da autonomía, libertad personal. Y cambiar la condición de la mujer cambia la sociedad como pocas otras cosas.
De igual modo, el pleno empleo abre importantes expectativas a los jóvenes, de autonomía, de emancipación. Probablemente puedan formar familias antes, y eso signifique la posibilidad de tener más hijos. El pleno empleo cambia también el horizonte de los trabajadores mayores de cincuenta años, prolonga su vida, no sólo su vida activa, sino su juventud, sus posibilidades, sus proyectos, su papel social.
Y pleno empleo significa también mejores dotaciones de servicios públicos. Es el pleno empleo el que garantizará el desarrollo de la ley de la dependencia o la escolarización de los niños de 0 a 3 años. En la España del pleno empleo seguirán subiendo las pensiones más bajas y el salario mínimo. En la España del pleno empleo podremos mejorar el contenido del conjunto de las prestaciones sociales.

B) De los viejos problemas a los nuevos retos: España ante la oportunidad de competir con los mejores.
Durante los dos últimos siglos los españoles siempre hemos venido desde atrás. Pero en los últimos treinta años hemos acelerado nuestro tiempo histórico y ahora, después del fuerte empujón de la última Legislatura, nos encontramos a las puertas de situarnos por encima de la media de desarrollo de los países europeos, algo que no hace tanto parecía un sueño inalcanzable.
España no es el país que fue. España es otro país y puede fijarse un nuevo gran objetivo colectivo: estar entre los mejores y competir con ellos. Entre los mejores en renta y en formación; entre los mejores en equidad social y responsabilidad medioambiental. Para dar este salto, hay que identificar los nuevos desafíos a los que se enfrentan los países desarrollados y poner rumbo directamente hacia ellos.
Afrontar los problemas de hoy y de mañana, y no perder tiempo en los debates del pasado.
Estar entre los mejores significa ante todo capital humano, formación, seguir aumentando la inversión en educación, en todos los niveles, y abrir la formación a todas las generaciones. Significa perseverar en el esfuerzo presupuestario de los últimos años destinado a inversión en investigación, desarrollo e innovación.
Nuestra es prioridad es despegar del pelotón, superar la media de los países desarrollados.
Estar entre los mejores significa culminar el objetivo que nos hemos fijado en infraestructuras, un objetivo ambicioso, de liderazgo, que también está a nuestro alcance: ser en 2010 el primer país de Europa en Km de autovía y autopistas, y el primero del mundo en ferrocarriles de alta velocidad.
Estar entre los mejores significa afrontar el desafío del cambio climático. Es necesario hacerlo, y lo es particularmente en el caso de España, pero además es una oportunidad para nosotros que hay que aprovechar. En el mundo se van a movilizar ingentes recursos económicos en este proceso y las empresas españolas se encuentran muy bien posicionadas para liderar esta batalla. Es la tercera revolución industrial y por fin tenemos la oportunidad de estar junto a quienes la lideren.
Estar entre los mejores significa contar con unos servicios públicos de calidad, que optimicen las prestaciones sociales y contribuyan a la competitividad de la economía. Unos servicios públicos gestionados por una administración eficiente. En España contamos con una buena administración profesionalizada: ahora tenemos que abordar las reformas necesarias para dar ese salto hacia una mayor eficiencia en la gestión.

C) Asegurar la mejor convivencia en una sociedad rica y diversa
Vivimos en una sociedad cada vez más rica y plural. Tampoco esta sociedad tiene mucho que ver con la España forzadamente homogénea del pasado, que ha quedado atrás. La España de hoy es una España de ciudadanos que disfruta del pluralismo en todos los órdenes: el político, el ideológico, el religioso, el cultural, el territorial… Y en los últimos tiempos se ha incorporado un nuevo factor de riqueza y de complejidad: la integración en la sociedad española de los inmigrantes que vienen a compartir con nosotros el trabajo y las ganas de vivir y de convivir.
Tenemos que preservar este pluralismo del que nos beneficiamos todos. Tenemos que preservar esta España de ciudadanos libres y tolerantes que ha nacido y crece con vitalidad al amparo de nuestra Constitución.
Para hacerlo, hay que ser, en primer lugar, absolutamente firmes, inteligentes y eficaces, en el combate de la peor amenaza a la vida y a la libertad que padecen todas las sociedades desarrolladas, la que representa el terrorismo en sus diversas manifestaciones. Firmes y eficaces, también, en la lucha contra todas las demás formas de criminalidad. En ambos ámbitos hemos reforzado nuestra seguridad en estos últimos años y vamos a perseverar en la tarea.
El rico pluralismo de la sociedad española confluye en un espacio común de ciudadanía que se asienta en unos derechos fundamentales iguales para todos y en la aceptación de los procedimientos democráticos establecidos. Los socialistas vamos a seguir enriqueciendo este espacio común con el reconocimiento y extensión de derechos, para fortalecer la posición jurídica y social de los ciudadanos frente a todo poder público y privado. Y proseguiremos con toda determinación nuestra voluntad de alcanzar la plena igualdad efectiva entre hombres y mujeres.
El mejor modo de fomentar la convivencia política y social es la práctica del diálogo y del espíritu de tolerancia, el respeto al adversario, al discrepante, no ofender ni practicar la crispación. Esta actitud es, en particular, imprescindible para gobernar, en beneficio de los ciudadanos, nuestro Estado de las autonomías, fomentando la cooperación entre administraciones a partir del respeto a las singularidades y al ámbito competencial que a cada cual atribuyen las Constitución y los Estatutos de autonomía.
La inmigración, legal y ordenada; los inmigrantes, con derechos y deberes; el objetivo, su plena integración en nuestro espacio común de convivencia.
Sometimiento al Derecho, diálogo, respeto y tolerancia en España, y también desde España, proyectándolos como seña de identidad de nuestra política exterior, una política exterior al servicio de los valores de la paz y la cooperación que es, además, la más útil para defender nuestros intereses como país.

4. Los mensajes políticos
Además de los tres ejes de nuestro proyecto, hay ideas específicamente políticas que sustentan nuestra petición de voto a los ciudadanos. También se las transmitiremos con la mayor claridad:
a) Tenemos un plan. La acción de nuestro Gobierno no es improvisada: responde a un proyecto de largo plazo.
b) Hemos recorrido la primera etapa, pero el proyecto no está completado. Estamos a mitad del camino, necesitamos el voto para no interrumpirlo.
c) Los socialistas queremos lo que quieren los ciudadanos:

Las expectativas generales: Una España mejor.
- Más moderna.
- Más próspera y competitiva. Más eficaz.
- Más justa.
- Más y mejor integrada y cohesionada.
- Más justa.
- Con una mejor convivencia en todos los ámbitos.
- Más fuerte en el mundo.

Las expectativas individuales: Una vida mejor.
El Gobierno de Zapatero no sólo está impulsando una España mejor; además, ofrece más garantías al ciudadano para tener una vida mejor.
- Bienestar y calidad de vida.
- Protección de los más débiles.

- Igualdad.